Pasiones, Heinrich Schütz

De los cuatro ora­torios para solos y coros titulados Historia de la pasión y muerte de nuestro Señor y Salvador Jesucristo [Historia des Leidens und Sterbens unsers Herm und Heylandes Jesu Christi], según los cuatro Evangelios, contenidos en un antiguo manuscrito de Leipzig y atribuidos a Heinrich Schütz (en latín Sagittarius, 1585-1672), solamente tres se consideran hoy como auténticos, o sea las «Pasiones» según San Lucas, San Juan y San Mateo, compuestas la primera des­pués de 1653, la segunda en 1665 (revisada en 1666) y la tercera en 1666.

Contraria­mente a otras obras del mismo autor, como las Siete palabras, la historia de la Navidad y la de la Resurrección, las Pasiones son para voces solas, sin el menor acompaña­miento instrumental.

El texto está consti­tuido por las respectivas narraciones de los evangelistas en la versión alemana; las paráfrasis líricas y los versículos litúrgicos que hallamos en las Pasiones (v. Pasión según San Juan y Pasión según San Mateo) de Bach aquí faltan por completo, a excep­ción del trozo final que varía en las tres Pasiones y es como un comentario edifi­cante o una invocación, mientras el introito es sencillamente el anuncio de la narra­ción que sigue (por ejemplo: «La pasión de nuestro Señor Jesucristo, como nos la describe el santo evangelista Lucas»).

La parte narrativa del evangelista y la dialo­gada de los «soli loquentes» están com­puestas en un recitativo absolutamente mo­nódico que recuerda el estilo de la salmo­dia gregoriana (v. Antifonario gregoriano), pero que en realidad es de libre invención; el papel de la muchedumbre está confiado a un coro de cuatro voces.

Tal estructura es común a las tres Pasiones, pero cada una de ellas se distingue por caracteres particulares. En efecto, se ha observado que Schütz adaptó el estilo musical al. dis­tinto espíritu de los respectivos Evangelios: sencillo y discursivo el de Lucas, dramático el de Mateo, místico y teológico el de Juan; y que hasta los modos musicales fueron elegidos adrede desde este punto de vista: «lidio» en la primera escala de «fa» con un «bemol» en clave, «dórico» en la segunda (traspuesto a «sol» con un «bemol» en clave), «frigio» en la tercera (escala de «mi» sin alteraciones).

Es lícito dudar de si precisamente este «ethos» particular de los modos estuvo en la conciencia artística de Schütz; tanto más cuanto que esta manera de entenderlos no estaba de acuerdo con la tradición. De todos modos es cierto que Schütz se inspira en la profunda esencia del texto sagrado; y hasta en la extrema sencillez del recitativo, mantenido en el ámbito del más puro diatonismo, y por lo tanto algo uniforme, consigue en cierta forma caracterizar el lenguaje de los «soli loquentes», aunque no con un estilo tan rico y variado como el de Bach, pero de todos modos plástico y austero.

Afloran, en esta parte, los discursos de Jesús, graves y solemnes en la tesitura de barítono, que en su pureza anuncian, aunque muy de lejos, los correspondientes de Bach. Varios ras­gos estilistas influyeron además sobre el maestro de Eisenach, especialmente el espí­ritu al mismo tiempo severo y dramático de los coros; a veces se notan incluso visi­bles afinidades, como el trozo en que, en la Pasión según San Mateo, los apóstoles preguntan a Jesús a quién de ellos indicó como traidor («Señor, ¿soy yo?», «Herr, bin ich’s?»).

La parte coral nos parece hoy la más importante y viva, de un valor artístico que supera el de las precedentes y llega a lo absoluto. Los coros del princi­pio y del final tienen (y esto vale para todas las Pasiones) carácter particular, el primero de sencillo anuncio, el último de meditación e invocación; los demás son más o menos dramáticos y representan los movimientos interiores y exteriores de las multitudes o de los grupos menores (após­toles, sacerdotes, etc.).

El movimiento no se expresa en concitaciones rítmicas, cam­bios de estructura, sorpresas armónicas, etc., sino en un sentido completamente interior, y por lo tanto puede conciliarse con un estilo musical no solamente de impecable sobriedad y severidad, sino también mono­cromo y en cierto modo estático.

La poli­fonía, densa y discursiva dentro de los lí­mites del clásico cuarteto vocal, revela a un músico educado en la gran tradición ita­liana del siglo XVI y, al mismo tiempo, hijo de la primera floración alemana, de la que desciende el gran arte musical de aquel pueblo; su estilo resulta, en conjunto, típi­camente alemán, nacido de la atmósfera musical de la Reforma; baste citar, como ejemplo de particular eficacia dramática, el coro «Crucifícalo, crucifícalo» («Kreuzige, kreuzige ihn») en la Pasión según San Lucas, el «No escribas: rey de los Judíos» («Schreibe nicht: der Judenkónig»), en la Pasión según San Juan.

Los coros de los discípulos en la primera tienen a veces un tono más dulce e ingenuo; pero en el con­junto prevalecen los tonos sombríos, y el sentido armónico se dirige más bien hacia el mundo menor. En la Pasión según San Mateo se puede notar, junto a una marcha más concitada e incisiva, una cierta ten­dencia hacia la forma homófona (es decir, , de voces simultáneas), como en el coro final. Las Pasiones de Schütz fueron publi­cadas en la edición completa de sus obras por Philipp Spitta (vol. 1, Leipzig, 1885). F. Fano

En el arte de Schütz todo medio dirigido a obtener un efecto musical es sacrificado sin piedad a la exigencia expresiva, con lo que se alcanza una vigorosa, elemental sencillez y una mística grandeza y solemnidad que no se pueden comparar con ninguna otra, y figuran entre las expresiones más patéticas de toda la historia de la música… Schütz se volvió sordo, y probablemente no es pura coincidencia si en sus últimas obras encontramos la misma misteriosa luz interior, la misma abstracta espiritualidad de pensamiento, los mismos acentos de do- lorosa y patética resignación que en las últimas obras de Beethoven. (C. Gray)