[Johannes Passion]. Oratorio en dos partes para solistas, coro y orquesta, de Johann Sebastian Bach (1685-1750), sobre texto sacado en parte del Evangelio de San Juan, en parte de las paráfrasis líricas de Barthold Heinrich Brockes, modificadas por el mismo Bach.
Compuesta alrededor de 1723, esta Pasión fue ejecutada por primera vez el Viernes Santo de 1724, en Leipzig, bajo la dirección de su autor. Representa el primer ensayo de Bach en el campo del oratorio, ensayo que es ya una gran obra de arte, aunque se advierta que la forma no se ha transfundido aún enteramente en su espíritu.
Como estructura genérica, el oratorio de Bach no difiere de sus Cantatas (v.) sino por sus dimensiones mucho mayores; pues, por lo demás, también hallamos aquí la sucesión de coros, recitativos, arias, corales, en armoniosa alternativa.
Pero hay una diferencia fundamental, y es que el oratorio ofrece carácter de poema religioso musical que gira como sobre su eje, alrededor de la parte narrativo dialogada del evangelista, los distintos personajes individualizados y los coros, sacada directamente del texto sagrado y desarrollada (excluidos los coros) en un estilo recitativo mucho más aproximado al del «narrador» [«storio»] en los Oratorios de Carissimi (v. Juicio de Salomón, Jefté, Jonás) que al arcaizante del evangelista en los Oratorios de Schütz.
Este recitativo aparentemente semejante al de las Cantatas, asume aquí en realidad función diversa y más importante en cuanto coordina los demás pasajes (arias, ariosos, corales sencillos y figurados) y echa sobre ellos, aun cuando forman como una guirnalda lírica o meditativa, una luz particular; y lo mismo puede decirse de los coros intercalados en la narración que tienen carácter eminentemente dramático, pintando, por decirlo así, los movimientos interiores y exteriores de las masas, mientras los demás tienen función de comentario que los aproxima idealmente a los de la tragedia griega.
Tal es, de manera general, la íntima transformación de las formas vocales de Bach en el paso de la «Cantata» al «Oratorio»; con todo es menester notar que la Pasión según San Juan no es todavía perfecta: los pasajes de forma cerrada se nos muestran, en efecto, un poco aislados, y la estructura de conjunto un poco rígida, tal vez porque la parte narrativo dialogada, si bien repleta de expresión dramática, no tiene aún papel dominante y no encaja perfectamente en la lirico meditativa como ocurrirá en la Pasión según San Mateo (v.), con razón considerada como el modelo supremo del género.
Esto sirve especialmente para la figura de Jesús, que aquí está apenas esbozada. Pero con todo eso, la presente Pasión queda como una mina de bellezas musicales. Bach está ya poseído de la austera profundidad del asunto, y más allá de sus momentos particulares ve, aunque sea algo en escorzo, la tragedia del conjunto.
Desde el coro de introducción («Señor, nuestro soberano, cuya gloria», etc.) en que las voces van precedidas y después sostenidas por el fluctuar de los arcos y del intenso contrapunto de los instrumentos de viento, el oyente se siente transportado a una atmósfera sublimemente meditativa y trágica. Éste y el penúltimo coro («Reposad bien, oh vosotros, huesos santos»), ambos en la forma tripartita con «da capo» (tan diversamente usada por Bach), constituyen como las pilastras fundamentales del conjunto arquitectónico; el segundo, ya en la estructura, ya en la forma y en la inspiración, es un presentimiento muy claro del coro final de la otra Pasión.
Los coros que hemos llamado más dramáticos son pasajes movidos e incisivos, a veces también brevísimos, y libremente intercalados entre uno y otro recitativo, de manera que recuerdan los correspondientes de las Pasiones (v.) de Schütz. Entre los más bellos mencionaremos el primero («Jesús, Jesús de Nazaret»), cuya figuración instrumental es repetida muchas veces en pasajes análogos y aquel «Salud a ti, amado rey de los judíos», cuyo motivo se repite en el otro «No escribáis: rey de los judíos».
Muchas arias son suavísimas, con delicados juegos instrumentales, y hay además la lírica afectuosa y devota de las Cantatas. Recordemos las arias «Yo te sigo igualmente con alegres pasos», para soprano y flauta, y «Deshazte, corazón mío, en torrentes de lágrimas», para soprano, flautas y oboes de caza (hoy corno inglés). Estupendo el arioso «Considera, oh alma mía», para bajo, laúd y violas de amor.
Características las arias con coro, como aquellas para bajo, «Apresuraos, oh almas inquietas», donde las interrupciones del coral «¿Dónde? ¿dónde?» hacen presentir momentos de la Pasión según San Mateo. Además, por toda la obra están esparcidas melodías de corales protestantes armonizadas sencillamente «nota contra nota», en parte las mismas que aparecen en otras obras de Bach, vocales o instrumentales, pero con aspectos a cada paso diversos.
La instrumentación está, como costumbre en Bach, dispuesta por grupos que varían de un fragmento .a otro y que se mantienen constantes dentro de cada pasaje; en su tipo, es genialísima y variadísima. Los recitativos del evangelista están siempre sostenidos sólo por el «órgano continuo» que, en sustancia, es un bajo cifrado. Es de notar, en fin, que en las Pasiones, Bach no ha utilizado ciertos instrumentos que, por su naturaleza ruidosa o chillona, podrían haber turbado la austeridad y sencillez del sacro tema, esto es, trompetas, trompas y timbales.
F. Fano
Con su audaz realismo, su ardiente lenguaje musical y la extremada lógica en el tratado de los caracteres, la Johannes-passión se yergue como una obra monumental de altísimo valor, para honor del que la ha creado, pero también por su sacrosanto tema. (Schering)
Es la música de la contrición. Está dominada por el pensamiento del pecado; se acusa profundamente; finalmente, ruega que sea perdonada. Como la plegaria, a la que exige maneras invariables, es al mismo tiempo rígida y anhelante… Pienso en los grabados en madera de los maestros alemanes; el mismo Calvario ingenuo y feroz, todo contrastes. En tomo al Cristo, abatido distingo la grosera risa de los verdugos, y los rostros bestiales y sumarios en que la crueldad se desencadena en muecas de sarcasmo. (Rivière)
La contenida ternura y profunda compasión con que Bach describe y medita el incomparable drama se repiten en páginas de dolorosa y grave belleza… Bach es el incomparable trenodista, el conmovido cantor del dolor humano… el creador de una música tan trascendental en su divina belleza que toda palabra acerca de ella, ha de sonar forzosamente como inadecuada. (A. Schweitzer)

