Así suele designarse un misterio francés. La Pasión de Nuestro Salvador Jesucristo [La passion Nostre Saúlveur Jhesu Crist], compuesto en París hacia mediados del siglo XV por Arnould Gréban (¿o Graben?), que vivió aproximadamente de 1420 a 1470.
También aquí, como en el caso de la llamada Pasión de Arras (v.), se trata más bien de un amplio «misterio de la Redención», más amplio que el de Marcadé, y además precedido por una especie de preludio (que por regla general no se recitaba en las representaciones) sobre la creación del mundo, la caída de Lucifer, el pecado original, el crimen de Caín, la muerte de Adán y Eva.
Siguen, en cuatro «jornadas»: la encarnación, el nacimiento y la infancia de Jesús (1.a jornada); la predicación de Juan Bautista, los varios milagros del Mesías, la entrada en Jerusalén, el prendimiento del Divino Maestro (2.a jornada); la pasión, la crucifixión y el descendimiento de la cruz, con el episodio de los remordimientos y suicidio de Judas (3.a jornada); la resurrección, la ascensión y la bajada del Espíritu Santo (4.a jornada).
Las deudas de la Pasión de París con respecto a la de Arras son notables; es posible que todavía aumenten después de un detenido examen. La masa de la materia, la disposición de la misma, el «proceso del Paraíso», proceden del drama de Marcadé; de éste adopta también, además del gusto por los tonos realistas y lo pintoresco, el empeño erudito, ya que Gréban, también teólogo (en 1456 fue catedrático de la Facultad de Teología en París), utilizó para su narración, en una medida aún más amplia que su predecesor, la literatura teológica y edificante de la última Edad Media, especialmente las Meditaciones atribuidas a San Buenaventura y las Apostillas de Nicoló di Lira.
Pero este teólogo, que por otro lado fue organista y director de los coros en la catedral de Notre-Dame, estaba provisto de una vena poética y un talento musical que le dictaron unas escenas verdaderamente eficaces, como la del último encuentro entre María y Jesús, algunos acentos profundos y, principalmente, una cantidad de ritmos de agilidad y gracia notables.
Tales cualidades poéticas y musicales justifican el .gran éxito que obtuvo la Pasión de Amould Gréban durante varios decenios del siglo XV, y la atención que le concedió la crítica moderna, a lo que se debe la primera edición completa del texto (Le mystère de la Passion d’Arnould Gréban, publié par Gaston Paris et Gaston Raynaud, Paris, 1878); edición que, por lo demás, hoy resulta insuficiente, pues se hizo sobre un manuscrito reconocido luego como más reciente y defectuoso que otros de que se dispone.
S. Pellegrini

