En la copiosa producción del místico bizantino San Máximo Confesor (580-662), el combativo atleta de la ortodoxia eclesiástica occidental en el siglo VII contra la forma larvada del monofisismo que fue el monotelismo proclamado por el emperador Heraclio y el patriarca Sergio, sobresale una Mistagogía comprendida en un volumen de la Patrología griega de Migne. En ella, San Máximo se propone exponer todos los ocultos significados misticosimbólicos encerrados en las formas exteriores de la vida eclesiástica y en todos los gestos y ritos de la práctica litúrgica. La derivación de esta obra de la Jerarquía Eclesiástica (v.) del pseudo Dionisio Areopagita es indiscutible. Es más, se puede decir que las obras del Areopagita debieron su gran difusión y su imponente autoridad en la tradición mística de la Edad Media al patrocinio que de ella asumió San Máximo en este escrito y en otros análogos. Emprendiendo el camino de la interpretación alegórica y analógica, San Máximo, en esta obra, como en toda la corona de estudios exegéticos, de que las Cadenas nos han conservado tan numerosos fragmentos, utiliza, de todo el conjunto de la vida exterior carismática, una porción de atisbos para sus contemplaciones místicas, destinadas a ofrecer copioso alimento a la tradición ascética de la Edad Media.
E. Buonaiuti

