[Die Christliche Lehre von der Rechtfertigung und Versohnung]. Obra en tres volúmenes, publicada de 1870 a 1874, por el teólogo protestante alemán (1822- 1889). Profesor sucesivamente en Bonn y Góttingen, y antes discípulo de Baur, se apartó de éste con una obra acerca de los orígenes de la antigua Iglesia Católica en que critica las ideas de la escuela de Tubingen. Las influencias dominantes en su pensamiento son las de Kant y Lotze. En su obra principal, remitiéndose al pensamiento kantiano, intenta establecer la autonomía de la religión respecto de la filosofía, mediante la distinción de los juicios teoréticos, propios de la ciencia, y de los juicios de valor, sobre los cuales reposan las convicciones religiosas.
La religión no consiste en doctrinas acerca de la esencia última de las cosas, sino en la valoración de sus significados para la espiritualidad humana. Así se niega la posibilidad de un conocimiento de Dios, derivado de conceptos racionales o de la observación de la naturaleza, y es condenada la alianza de la fe cristiana con la metafísica, operada por la influencia del helenismo. También es negada la vía mística del conocimiento de Dios,, en cuanto ésta pretende que se puede obtener un conocimiento inmediato de Dios más allá del mundo de significados en que se mueve la fe.
La actitud religiosa del hombre surge del conflicto entre su sujeción a las necesidades naturales y su exigencia de ser una personalidad espiritual autónoma, y es «fe en fuerzas espirituales superiores, con cuya ayuda el poder propio del hombre es en cierto modo completado y elevado a un todo, en su cualidad específica, capaz de resistir a la presión del mundo exterior». La expresión rigurosamente científica de esta exigencia es, según el autor, la doctrina kantiana de un reino de los fines, en el que ve el equivalente de la doctrina evangélica del Reino de Dios. Como fundador del Reino, Cristo tiene una función sin igual en la historia religiosa de la humanidad; y el autor, que ha negado las posibilidades de la especulación como de la mística, da gran resalte al hecho histórico de la aparición del cristianismo y al valor de revelación de la enseñanza de Jesús.
A este positivismo evangélico y a su fuerte acentuación ética, se une en Ritschl la decidida afirmación de la personalidad de Dios (como postulado del valor de la espiritualidad), contra la tendencia panteizante de la teología especulativa y de Schleiermacher. Dios es esencialmente el Padre amoroso que perdona: la doctrina luterana de la justificación, que da título a la obra, es reivindicada por el autor en su puro valor religioso, en su autonomía con respecto al momento ético, como afirmación de que Dios se propone restablecer una relación normal con el hombre «a pesar del pecado»; por más que la reconciliación con Dios no deja de tener, evidentemente, relación con la gran visión ética del Reino de Dios. Tal es en sus motivos esenciales esta teología, a cuya producción no fue extraña la exigencia apologética contra el materialismo de fines del siglo XIX, y que profesada por numerosos pensadores como Harnack, ha conducido en el campo científico protestante a una amplia revisión del significado del cristianismo primitivo.
G. Miegge

