España Sagrada, Enrique Flórez

Concebida y, en su mayor parte, realizada por el agustino, es la más impor­tante tarea de erudición emprendida en el campo de nuestra historia eclesiástica. No es fácil consignar todos sus valores en bre­ve espacio; destaquemos concisamente lo esencial.

La obra soñada por Flórez y a la que consagró su principal actividad hasta pocos días antes de morir, tenía enormes dificultades, porque aun los materiales vá­lidos estaban contaminados de falsedad y amaño, habiendo apenas sectores no nece­sitados de revisión. El panorama era des­alentador: diócesis de dudosa existencia, concilios mal conocidos, santos creados por la fantasía, nombres de antiguas ciudades difíciles de identificar, episcopologios que discrepaban. Los embrollos de los pseudo- historiadores, empeñados en exaltar unas provincias a costa de otras, habían trastor­nado sus límites.

De tal caos aspiró Flórez a obtener una veraz historia religiosa y en buena parte lo consiguió. Trabajando sin descanso desde 1747 publicaba normalmen­te un volumen cada año, aunque atendía a la vez a otros escritos y encargos — llegó a ver impresos 27 y preparados otros dos. Eran cuatro de preliminares y los res­tantes correspondían a las provincias ecle­siásticas Cartaginense, Bética, Lusitania, Galicia y Tarraconense —más de 60 dió­cesis, examinadas separadamente en su es­tado antiguo y moderno. Y todo estudiado con ejemplar probidad, sabiéndose de un tomo, el XVIII, que fue hecho hasta tres veces, por haber recibido datos que recti­ficaban o mejoraban lo ya dado por terminado. En la historia de cada diócesis hace la oportuna labor previa de depura­ción de noticias, disquisiciones sobre pun­tos controvertidos, que suelen llevar ane­jos apéndices, e inserción de escritos inte­resantes, como crónicas, diplomas, actas de concilios, vidas de santos…, ya inéditos, ya con texto mejorado por nuevos hallaz­gos.

Esta riqueza de contenido heterogéneo es, probablemente, lo que ha deparado más lectores a la obra, pues entendió el autor con buen criterio que la historia religiosa estaba estrechamente ligada a la civil, por lo que los más de los investigadores hallan en ella materias indispensables para sus indagaciones. Aunque en su parte pura­mente eclesiástica, más valor que como historia lo tiene como colección de mono­grafías y materiales para componerla. Fue continuada por individuos de su orden y después por la Academia de la Historia, pero en más de un siglo que duró la pro­secución no se logró terminarla.

B. Sánchez Alonso