Enquiridión o Manual del Caballero Cristiano, Desiderio Erasmo deRotterdam

[Enchiridion militis christiani]. Obra publicado en 1504. Sin duda es la mejor expre­sión de la espiritualidad erasmiana y típico ejemplo de esa religiosidad humanista, que en los albores del siglo XVI tendía a una renovación intelectual del Cristianismo, y que no había de seguir después a la Re­forma en su acción revolucionaria.

Supues­ta la importancia del método en todo campo de la actividad humana, se propone aho­ra ofrecer una guía para la vida cristiana considerada como una milicia. El Cristia­nismo es esencialmente interioridad, y no consiste en la observancia de ritos y cere­monias, como acontecía en el «judaismo». La milicia cristiana se ejercita en la lucha del hombre interior, y espiritual, contra las pa­siones, en la dedicación fervorosa a Cris­to Salvador, en el desprecio a los bienes na­turales y en la contemplación de los bienes eternos. El ideal del sabio estoico y el dua­lismo platónico, en cuyo sentido interpreta Erasmo la antítesis evangélica de «carne y espíritu» se enlaza con una espiritualidad cristiana alimentada por una fría interpre­tación de las Sagradas Escrituras, bajo la guía de los Padres de la Iglesia antigua, en especial de los griegos (Orígenes).

El valor propedéutico de la cultura clásica, la superioridad de una fe «docta» sobre la in­experta, la conformidad del ideal cristiano con la razón, son afirmaciones característi­cas de este libro, cuya entonación laica está acentuada por una viva polémica contra la vida monástica, su pretendida superiori­dad y sus extravíos. La verdadera perfec­ción cristiana es la interior de la fe, del do­minio sobre sus manifestaciones espirituales y del amor al prójimo, y no la de la vida ascética; ningún voto puede ser más solem­ne que las promesas bautismales, por las que todos los creyentes quedan consagra­dos como soldados de Cristo.

Estos motivos, que posteriormente hallaron amplio eco en la Reforma, justifican la fama de precursor que gozó Erasmo entre los protestantes, pero en realidad no desbordan las aspiraciones de una reforma católica, de la que el gran humanista no se apartó nunca. [Es clásica la traducción de Alonso Fernández de Ma­drid, canónigo de la catedral de Palencia, más conocido por «el arcediano del Alcor», publicada por vez primera, sin fecha, en Alcalá de Henares, en 1526 y reimpresa en Alcalá (1527), Zaragoza (1528), Alcalá (1533), Lisboa (1541), Amberes (1555) y To­ledo (1556). Modernamente ha sido reim­presa con prólogo de Marcel Bataillon. Edi­ción y prólogo de Dámaso Alonso (Madrid, 1932)].

G. Miegge