El Ritmo de los Centinelas de Módena

Es un poema latino en tríme­tros yámbicos, todos terminados en -a (sal­vo en cierto número de versos que se­guramente están interpolados); puede leerse en un códice del archivo de la catedral de Módena y pertenece a fines del si­glo IX. Hay quien lo relaciona con las «albas» y quien lo considera «el más vital de los cantos épicos de este período», mien­tras otros se limitan a no darle otra im­portancia que el de un tema escolástico.

«Oh tú que guardas estas fortalezas, / No te duermas, te aviso, sino vela»; y sigue una exhortación a los jóvenes guardianes noc­turnos, a fin de que vigilen para que los enemigos no vengan con engaño como en otros tiempos los griegos, fraudulentamente, entraron en Troya, y como los galos que casi invadieron Roma. ¿Qué custodian estos centinelas? Las murallas de la ciudad, o al­gún lugar fortificado, sagrado o castrense. ¿Debe relacionarse este canto con la ame­nazadora llegada de los húngaros y el asedio de Módena? No se sabe con precisión, ni se puede decir si estos versos, escritos por un personaje culto, tal vez un clérigo, están dedicados a los soldados vigilantes o bien son puestos en boca de uno de ellos. A Sismondi, esta y otras canciones latinas de la Edad Media le parecen dignas de aten­ción, no tanto por su mérito poético como por «la luz que arrojan sobre la extraña destrucción de toda lengua nacional».

Es cierto que el ritmo de los centinelas modeneses resuena en el silencio de aquella os­cura edad con un elevado acento, mezcla de valor guerrero y de segura fe religiosa, y la evocación del pasado legendario y el aura nocturna que rodea al canto crean una sugestión poética bastante viva para el lector moderno.

F. Antonicelli