El Discreto, Baltasar Gracián y Morales

Tratado moral del jesuita español publicado en 1645 con el nombre del autor en el acróstico preliminar- A dife­rencia de su obra precedente, El héroe (v.), que aspiraba a la formación del perfecto hombre de estado, aquí Gracián explica por partes los aspectos típicos («realces»), sin­gulares y eminentes, que son propios del hombre de mundo cuando sabe realizarse cumplidamente.

Para cada uno de estos as­pectos particulares el autor presenta un aspecto histórico, que le concreta y le de­fine, y fija finalmente un plan de educación apto para formar al «discreto»: al hombre al que sirve de guía la discreción, ya en el trato con los hombres, ya en la expe­riencia de las cosas. Gracián se remite a su hombre ideal, presente en su pensamiento, con su nativa nobleza, con el perfecto equi­librio de sus virtudes intelectuales y prácti­cas: artista de su vida, porque se la va formando poco a poco en medio de la socie­dad en que vive, como persona segura de sí y dueña de sus propias acciones.

Natu­raleza y arte, inteligencia y actividad prác­tica («genio e ingenio») son cualidades esen­ciales para toda persona que, a pesar de afirmarse por lo que es, conoce los límites y no pasa de ellos, no sacrifica a los demás a sí mismo. Este tratado del moralista español, escrito con cierto preciosismo erudito en un estilo incisivo y nervioso, se mantiene en una línea de desarrollo que señala el paso del «cortesano» de Baltasar Castiglione al «honnéte homme» del siglo XVIII.

M. Casella

El estilo del escritor aragonés es enérgico, apretado, jugoso. Durante mucho tiempo se ha tenido a Gradan por obscuro, labe­ríntico, ininteligible. Requieren sus trabajos una lectura detenida; pero no hay en la prosa de Gracián nada que falte ni que sobre para su comprensión total. (Azorín)