Controversias del Cristianismo Contra los Herejes de este Tiempo, San Roberto Belarmino

[Disputationes de controversiis christiance fidei adversus Inuius temporis hoereticos]. Obra del cardenal jesuita San Roberto Belarmino (1542-1621), publicada en Ingolstadt del 1586 hasta el 1593. Es la más orgánica y cé­lebre polémica católica de la Contrarrefor­ma. Las diferentes herejías expuestas y refutadas son, en una curiosa oración (ante­puesta al volumen IV), encuadradas de una manera fogosamente polémica en el esquema del Apocalipsis (v.) de San Juan, e identi­ficadas con hechos y símbolos concomitantes con la venida del Anticristo. A pesar de esta alocución, el tono del autor se distin­gue por su calma y objetividad, por la atención que presta a las doctrinas exami­nadas, por la claridad con la cual expone las ideas ajenas, procedentes directamente de los textos y proyectándolas en su con­junto orgánico.

En el tomo I se trata de la palabra de Dios escrita y no escrita; luego, de Cristo como jefe de toda la Iglesia; del Sumo Pontífice como cabeza de la Iglesia militante, refutando, ya sea el re­ciente biblicismo exclusivista de Lutero y Calvino, ya la nueva concepción de una Igle­sia puramente invisible y por lo tanto sin organización jurídica, o bien algunas de las viejas herejías cristológicas resucitadas. Si­gue en el tomo II el examen de la Iglesia «tanto congregada en los concilios como distribuida por todo el mundo»; la justi­ficación de la discutida distinción de los miembros de la Iglesia militante en cléri­gos, monjes y laicos; la reafirmación de la Iglesia paciente «que está en el Purgatorio»; de la calidad y naturaleza de la Iglesia triunfante: tratado éste que va dirigido tan­to contra el conciliarismo del siglo XV co­mo contra el siempre vivo particularismo, en especial galicano, pero sobre todo con­tra la negación luterana de la existencia de un Purgatorio y de las particulares re­laciones entre la Iglesia militante, purgan­te y triunfante afirmadas por la doctrina católica, en especial referente a las in­dulgencias, a la aplicación de las misas como sufragio de los difuntos, la comunica­bilidad de los méritos, etc.

La doctrina bas­tante discutida dé los sacramentos es exa­minada de nuevo en el tomo III en irnos 16 libros. El tomo IV está enteramente con­sagrado a las cuestiones que han constitui­do el punto de partida de la revisión lute­rana del Cristianismo y que fueron coloca­das como centro por Lutero, afirmando con esto querer volver a la genuina tradición paulina y agustiniana, es decir, «a la gracia del primer hombre y al estado de inocen­cia; la pérdida de la gracia», «la repara­ción por obra de la gracia y la justificación mediante Jesucristo». El método seguido por el autor es, al mismo tiempo, didác­tico e histórico: formula la cuestión, luego intenta resolverla, recurriendo primeramen­te a los textos bíblicos y reclamando seguidamente la tradición patrística y finalmente haciendo apelación a los argumentos de la razón. Éste es el método aplicado a la refu­tación de los argumentos ajenos, que gene­ralmente son resumidos y reproducidos sin tendencias caricaturescas y con citas de los textos en que se encuentran.

Es signi­ficativa la constante referencia a las opi­niones de los Santos Padres, que lleva a Belarmino a un estudio histórico del pen­samiento teológico, desarrollo del estudio ya iniciado por Melanchton y Melchor Cano. La teología y filosofía en que se inspira Be­larmino en sus necesarias y abundantes re­ferencias a la psicología, a la metafísica, a la ética, al derecho, es la tomista, revisada en sentido escotista por Suárez y que pre­cisamente en aquel tiempo iba precisándose en Molina como conciliación de la volun­tad divina y libertad humana, de natura­leza y gracia. Precisamente por su vigor, por su erudición, por su concreción, las Controversias de Belarmino alcanzaron di­latada resonancia e influencia decisiva en la apologética católica moderna. La obra es para muchos teólogos más actual que nunca, especialmente por la doctrina del poder indirecto del Papa en las cosas tem­porales, que a su tiempo procuró a Belar­mino doble condena: del Papa porque li­mitaba su poder; por parte del Parlamento de París, porque era perjudicial a la so­beranía absoluta del Estado.

M. Bendiscioli