Apócrifos del Antiguo Testamento

Los libros apócrifos del «Antiguo» y del «Nuevo Testamento» (v. Biblia) tienen el significado de secretos u ocultos (de dizoxpúizxa): oculto, escondido), en cuanto sus anónimos autores tomando nombres de auto­res conocidos, patriarcas, profetas, apósto­les, querían hacer creer que habían estado escondidos durante algún tiempo, para que tomándolos por antiguos, se les concediese mayor autoridad. Un libro apócrifo anti­guo y neotestamentario es por esto un libro al cual se quiere atribuir, o se ha atribuido durante cierto tiempo, aunque ilegítimamen­te, un carácter divino. Los protestantes lla­man apócrifos a los libros deuterocanónicos y dan el nombre de «pseudoepígrafos» a los que los católicos presentan con el nom­bre de «apócrifos». Entre los apócrifos del «Antiguo Testamento» se enumeran en pri­mer lugar los libros que la Iglesia permite unir a los libros canónicos, aunque les sea negada una autoridad divina. En la Vulgata (v. Biblia) se añaden después del último libro canónico el Apocalipsis, los libros ter­cero y cuarto de Esdras, y la Oración de Manasés. El tercer libro de Esdras está com­puesto casi enteramente de fragmentos ca­nónicos de los Paralipómenos (v.) y de los dos primeros de Esdras (v.). Sólo tiene pro­pios los capítulos III, 1, y V, 6, en donde se dice que Zorobabel ganó el favor de Darío (521-485) y obtuvo permiso de él para volver a su patria a los desterrados. El cuarto libro de Esdras llamado también Apocalipsis de Esdras, nos ha llegado en versiones dependientes de una versión grie­ga que se ha perdido, y que supone un ori­ginal hebraico. La versión latina parece deber ser preferida a las demás, aunque contenga adiciones cristianas.

El libro pri­mitivo (III. 1-XIX. 17) contiene siete vi­siones relativas al Juicio final, a las señales precursoras y a la muerte de los buenos y de los malos. El autor es un hebreo que escribió hacia finales del siglo I. La Oración de Manasés, que se supone originariamente escrita en griego, hace alusión a lo que se ha contado de la penitencia del rey (Paralipómenos, II, XXXIII, 12 sig.). La ora­ción contiene expresiones de piedad ver­dadera. A los manuscritos del «Antiguo Testamento» se hallan añadidos otros escri­tos apócrifos. Así, un Salmo (151) donde David canta un himno a su elección como rey y a su victoria sobre Goliat. 18 Salmos llamados de Salomón escritos en lengua griega por un autor hebreo que vivió alre­dedor del 68-45 a. de C. y que a fuer de fariseo se muestra en extremo enemigo de los saduceos y de los asmoneos. Se han incluido también los Cánticos de Salomón (de origen cristiano), el tercer libro de los Macabeos, donde se cuenta la persecución de los hebreos en Alejandría, bajo Tolomeo (alrededor de 217 a. de C.) y la liberación del pueblo, y el cuarto libro de los Maca­beos, un tratado filosófico destinado a los hebreos (v. también Macabeos). Además el Libro de Enoch, que describe el origen del mundo, los misterios de la Creación, la morada de los ángeles y de los justos, y su liberación.

Se nos han conservado las dos versiones, etiópica y eslava, y fue escrito en épocas diversas; las partes más antiguas son probablemente del tiempo de los Maca­beos (160 a. de C.). Muchos capítulos son de época posterior a los siglos I y II de C. Además se mencionan entre los apócrifos, los Orúculos Sibilinos (v.) (que se refieren a la historia sagrada hebrea desde los orí­genes a la época romana), escritos entre el siglo II a. de C. y el II siglo d. de C. La Ascensión de Moisés [’AvaXyj t<;], libro que se nos ha conservado en una versión latina derivada del griego (del I a. de C.) y que cuenta la historia de Israel hasta el advenimiento de Cristo. Se añaden a éstos los libros del Apocalipsis de Moisés apó­crifo cristiano, escrito en griego, la Ascen­sión de Isaías, cuyo texto nos ha llegado en griego, y fragmentos en una versión etió­pica y en latín. Más importante es el Libro de los Jubileos ¡zrt. la>’sK’anc, X=tcx7] ^svEaii;] citado por Epifanio, Dídimo, Jerónimo y otros, escrito en hebreo según Jerónimo, hallado en una versión etiópica y traducido luego en parte al latín. Contiene la visión de Moisés de la creación hasta la institu­ción de la Pascua mosaica; apoya su relato en las tradiciones posteriores de los he­breos, y pretende dar una cronología exacta basándola en los períodos de los jubileos (49 años). El escrito es probablemente del siglo I a. de C. También es importante el Testamento de los doce Patriarcas, libro en que cada uno de los patriarcas cuenta su vida, da consejos y profetiza, escrito probablemente en hebreo en el siglo II a. de C.

Se reconocen en él adiciones cris­tianas. No poseemos el texto original sino versiones: griega, armenia y eslava. Un apócrifo hallado recientemente es el su­puesto Libro de Zadoc. Fue escrito en la lengua hebrea del «Antiguo Testamento» y fue enviado a una comunidad hebrea emi­grada a Damasco. La primera parte del libro es una exhortación a la penitencia: predice el advenimiento del Mesías; esta­blece la ley de la monogamia y de la cas­tidad; la segunda expone las leyes de la institución de la Nueva alianza, la justi­cia que se ha de administrar, la observa­ción del sábado y la caridad que es menes­ter practicar. El libro no es posterior al siglo I d. de C. Se hace mención de otros apócrifos en diversos autores, pero como no se tienen de ellos ni textos originales ni versiones, se ignora lo que han podido contener.

G. Boson