La Casa de las Granadas, Oscar Wilde

[A House of Pomegranates]. Colección de novelas del poeta inglés Oscar Wilde (1854-1900), publicada en 1891. Como las otras narra­ciones reunidas bajo el título de El Príncipe feliz (v.), también éstas fueron al principio narradas por Wilde a su hermano, y luego transcritas y coleccionadas; éstas, sin em­bargo, no son poéticamente tan felices como las primeras. «El rey adolescente» [«The young King»] es la historia de un joven que la víspera de su coronación ve en sue­ños cuántos sufrimientos han costado las gemas, el oro y la púrpura con que ha de ser revestido, y, despertándose, se presenta a su pueblo cubierto por una piel de cabra y llevando en la mano el cayado del pastor. La belleza de su alma, que se refleja en su cara, y la luz de la santidad que le aureola la cabeza cuando se acerca al altar, llenan de turbación a los sacerdotes y a los digna­tarios, y de incertidumbre al pueblo, que no comprende el gesto del futuro rey y teme que sea una burla lo que era un acto de amor. «El cumpleaños de la infanta» [«The birthday of the infanta»] está inspirado en el contraste de un alma tierna y apasionada encerrada en un cuerpo deforme; es la tra­gedia de un horrible bufón que esconde un corazón generoso. «El pescador y su alma» [«The fisherman and his soul»] es el cuento que mejor revela la fantasía de Wilde, su gusto por lo precioso y lo macabro: por el amor de una sirena, un pescador renuncia a su alma, que es la forma de su existencia terrena, se desprende de ella por medio de una fórmula mágica y se une a la sirena en el fondo del mar. Pero el alma no le da tregua, reclamándole a la condición huma­na y terrestre, y el pescador vuelve a ella, se une a ella, para morir después, desespe­rado y maldito. «El niño astro» [«The starchild»] es la historia de un niño malvado, que al contacto con los dolores humanos encuentra la bondad y la piedad. Muchos críticos, entre ellos Ransome, vieron en las novelas de Wilde una derivación de los cuentos de Andersen, pero, si podemos en­contrar cierta analogía en los argumentos, es bien evidente, en la gracia del estilo, el influjo del decadentismo francés, y, en la predilección por las imágenes macabras y en la ironía que rezuma la trama, a veces demasiado delicada y preciosista, los últi­mos reflejos del romanticismo. [Traducción de Ricardo Baeza en Obras Completas, to­mo I (Madrid, 1917); de Julio Gómez de la Serna, en Obras escogidas, tomo IV, con el título Huerto de granados (Madrid, s. a.) y del mismo en Obras de Oscar Wilde, tomo I, Novelas (Madrid, 1941)].

B. Schick