El Príncipe Feliz, Oscar Wilde

[The Happy Prince]. Recopilación de cuentos de Oscar Wilde (1854-1900), publicada en 1888. Narrados al principio a su hermano, que le pedía argu­mentos para artículos a publicar en perió­dicos de segunda fila, Wilde dio a continuación aspecto literario a estas breves prosas compuestas al mismo tiempo que la Casa de las granadas (v.) entre 1885 y 1891, du­rante su estancia en París.

El mejor es el que da el título al volumen: el príncipe que cuando vivía sólo conocía la felicidad, ahora, convertido en estatua de mármol en el centro de su ciudad, empieza a conocer el dolor de los hombres y sufre al no poder socorrerlos. Por amor a él una golondrina se queda a su lado y, fiel ejecutora de sus deseos, lleva a los pobres el oro y las gemas que cubren la estatua, hasta que el in­vierno la mata. Con idéntico arte inspirado en el preciosismo de Walter Pater está tra­zada la figura del «Gigante egoísta» [«The Selfish Giant»] que, conmovido por el llanto de un niño, muere prodigándole caricias de consuelo; la del «Amigo fiel» [«The Devoted Friend» ]; y se narra también la fábula de «El Ruiseñor y la Rosa» [«The Nightingale and the Rose»], donde una muchacha pide a su enamorado, como prueba de amor, una rosa roja para adornarse en el baile, y como en el jardín sólo hay una rosa blanca, el ruiseñor, que tiene compasión del enamo­rado, tiñe la flor con la sangre de su cora­zón atravesado por una espina del rosal. La última «Fuegos artificiales» [«The Remarkable Rocket»], de carácter humorístico es quizás el menos notable de estos cuentos que, si no dan toda la medida del arte de Oscar Wilde, son, junto con los de la Casa de las granadas, significativos para la forma­ción de su gusto y estilo en lo que no dejó de intervenir en aquel tiempo la influencia del decadentismo francés. [Trad. española de Julio Gómez de la Serna en Obras de Oscar Wilde, tomo I, Novelas (Madrid, 1941)]. B. Schick

A través de todos los aparentes defectos de Wilde, soy sobre todo sensible a su gran­deza. (A. Gide)

Su grandeza, más que resistir el análisis, parece que lo elude siempre porque siempre lo supera algo. (Du Bos)