Petruchka, Igor Strawinsky

Escenas burlescas, en cua­tro cuadros, de Igor Strawinsky (n. 1882) y Alejandro Benois. La composición, comenzada a fines de verano de 1910, en Lausana, fue terminada en mayo de 1911 en Roma.

La primera representación en París se efectuó el 13 de junio de 1911, en el Teatro del Chátelet (por la compañía de ballet ruso dirigido por Sergei Diaghilev). En la plaza del Almirantazgo de San Peters­burgo, durante la feria de la semana de Carnaval, un charlatán expone tres mario­netas en su guiñol: Petruchka (el Pierrot de los rusos), la Bailarina y el Moro. La multitud pasa por entre los barracones y se detiene ante el del charlatán.’ De pronto éste da a las tres marionetas, tocándolas con su mágica flauta, una momentánea vida humana. Éstas danzan, caminan, se mezclan entre la multitud.

Humanizadas, las mario­netas son capaces de sentimientos humanos. Estallan en Petruchka unos tremendos celos por la Bailarina, que concede sus gracias al Moro. La angustia y la desesperación llevan hasta tal extremo los celos de Pe­truchka que le ocasionan una reyerta con el Moro, en la cual éste con un golpe de sable abate a su rival. Un asesinato. La multitud se agolpa, llama a la policía. Llega entretanto el charlatán, se mete entre el gentío, coge por los, vestidos a Petruchka y muestra a todos cómo no es un. ser vivo, sino solamente una marioneta de madera y trapo. La policía marcha satisfecha y el gentío se dispersa.

El charlatán lleva la marioneta al barracón. Pero de improviso sobre el techo del barracón que alberga a las tres marionetas comparece Petruchka, que maldice con una mueca al charlatán, que lo contempla horrorizado. Se hace de noche y empieza a nevar: es esa hora fría de las tardes de Carnaval, el momento en que todos vuelven a sus casas y los tio­vivos dan la última vuelta. Este ballet se­ñala la plena afirmación de la personalidad musical de Strawinsky. La leve sombra de lo fabuloso sombreado de esteticismo del Pájaro de Fuego ‘(v.), cede paso en Petruchka a una humanidad angustiosa y des­nuda, a una visión de la vida trágica que será uno de los aspectos más típicos del arte de este compositor. Se perfila aquel fuerte compromiso moral frente a la vida que caracteriza la personalidad de Stra­winsky. Eliminado de la música todo ele­mento decorativo, la obra aparece animada por una rigurosa necesidad expresiva, por una extrema y potente simplicidad de lenguaje. Petruchka constituye una de las cimas más decisivas de la música contemporánea.

A. Mantelli