Comedia en tres actos y dos cuadros, de Jacinto Benavente (1866- 1954), estrenada en Madrid en 1928. Felisa, viuda de un rico y anciano noble que se ha casado con ella pese a su borrascoso pasado, legitimando a su hija Genoveva, desea ser recibida por la «buena sociedad» de la ciudad de provincias donde se ha retirado para hacer olvidar la época en que había adoptado, para no manchar el de su padre, el nombre de Pepa Doncel.
Allí acoge con fervor el proyecto de dos influyentes damas, que quisieran casar a su arruinado y abúlico hermano Silvestre, ya cuarentón, con la joven e inteligente Genoveva. Pero el verdadero padre de ésta, Gonzalo, impulsado por una tardía ternura, se opone a un sacrificio tan poco merecido. Propone a Felisa que sustituya ella misma a Genoveva, pues Silvestre había sido antaño su ferviente admirador, y éste aceptaría con gusto el cambio. En vano protestan las dos hermanas, pero si quieren dorar con la riqueza su respetabilidad, habrán de prescindir del pasado de Felisa, mientras Genoveva, gracias a Gonzalo, se podrá casar con el joven León, de quien aquél ha sabido hacer algo más que un fatuo hijo de familia.
En la comedia, de tipo abiertamente burgués, hay que subrayar, además de la acostumbrada técnica teatral, algunas figuras. Felisa en el fondo no ha sido nunca Pepa Doncel; su aspiración había sido siempre la de volver a la sociedad de la que provenía. Más sinceramente, Gonzalo ha vivido una vida despreocupada y demuestra una cordura y generosidad que no son negación de dicha vida, porque precisamente surgen de ‘ dicha experiencia. Genoveva, por su parte, afirma que le parecería bien que, de tarde en tarde, ocurriese algo extraordinario: una guerra o una revolución, para saber de lo que serían capaces aquellos muchachos que ahora le parecen tan insignificantes. Esta reflexión espontáneamente cruel personifica perfectamente su señorial y medida conciencia propia.
F. Meregalli

