[Menaechmi]. El teatro cómico de todos los tiempos se ha valido de esta comedia de Plauto como de modelo típico para varias comedias basadas en equívocos provocados por el cambio de personas entre dos gemelos. Así la Calandria (v.) del cardenal Bibbiena, los Simillimi (v.) de Trissino, La comedia de las equivocaciones (v.) de Shakespeare. La comedia de Tito Maccio Plauto (235-184 a. de C.), Menaechmi, a su vez procede en parte de Menandro.
Menecmo I, que ama a la bella Herocio, a la cual ha regalado un manto sustraído del guardarropa de su celosísima esposa, se dispone a dar en casa de aquélla una magnífica comida, a la que asistirá él con el parásito Penicolo. El cocinero de Herocio, que ha ido a hacer las compras, se encuentra con Menecmo II, hace poco llegado a la ciudad en busca de su hermano (que se había perdido siendo niño y del cual no se había tenido jamás noticia), lo toma por Menecmo I y le echa un largo discurso, que el otro, no acabando de comprender bien, interpreta como un artificio para atraerlo a casa de una desconocida cortesana. Cuando comparece Herocio, Menecmo II, no sin desconfianza, se deja convencer y entra, después de haber mandado a su criado Mesencón a la posada. Durante el banquete aquella mujer le habla del manto y le ruega que mande hacerle alguna modificación, de manera que él, todavía coronado con las flores del banquete, sale.
El primero que encuentra es el parásito Penicolo, el cual, creyendo que le ha engañado dejándolo sin comida y burlado el que le invitaba, por venganza se lo cuenta todo a la celosa mujer de Menecmo I. Ella se desahoga furiosa contra su verdadero esposo, que llega en aquel momento, y le obliga a devolverle el manto robado. Menecmo I va entonces a pedirle en vano a Herocio que le devuelva lo que ella piensa haberle entregado para su arreglo, y es puesto en la puerta de mala manera. Poco después se presenta Menecmo II con el manto al brazo llamando a aquella misma puerta: pero la mujer de Menecmo I, que está al acecho, le ataca y le injuria ayudada por su padre, el cual, sospechando que su yerno se ha vuelto loco, por lo incoherentes que son sus respuestas, va en busca de un médico. Cuando vuelve ya no encuentra a Menecmo II, sino a su propio yerno Menecmo I, que cuanto más ruido mete para demostrar que tiene sano el juicio, más aumenta en los demás la convicción de su locura. Lo libra Mesencón, el criado de Menecmo II, el cual, creyendo que es su amo, se hace prometer la libertad, la cual le es concedida acto seguido por el amo falso, y pronto negada por el verdadero. El encuentro y el reconocimiento de los dos gemelos resuelve por fin todo el equívoco, y Menecmo I vivirá junto con su familia en su ciudad natal.
El continuo equívoco, que ninguno de los dos personajes advierte, y del cual son los protagonistas las primeras víctimas, hace que el único en reír sea el público, y que de la burla de la situación nadie pueda, alabarse como autor. El tema, muy difundido en todo el teatro antiguo, había sido particularmente aprovechado por la comedia popular; en la práctica de la escena, tenía su razón de ser en la habilidad de un solo actor que representaba los dos papeles y que, al terminar, escogía un sosias, casi un comparsa, que satisfacía al público deseoso de ver por fin a los dos gemelos en escena. La comedia de los equívocos de Shakespeare elevará a su extremo este recurso cómico.
F. Della Corte

