[Le Mendiant ingrat. Journal de l’auteur]. Es el primer volumen del Diario de Léon Bloy (1846-1917), que debía tener por continuación : Mi diario (1904), Cuatro años de cautiverio en Cochons-sur-Marne (1905), El invendible (1909), El viejo de la Montaña (1911), El peregrino de lo absoluto (v.) (1914), En el umbral del Apocalipsis (1916) y La puerta de los humildes (póstumo, 1920).
El mendigo ingrato apareció en Bruselas, en 1898. La edición del «Mercure de France» de 1908 es el resto de la edición belga, con una cubierta nueva. Este primer diario comprende los años en que Bloy escribió Sudor de sangre, las Historias desagradables, León Bloy frente a los cerdos y una parte de La mendiga (v.) (publicada en 1897). Casado en 1890, de regreso de Dinamarca en 1891, Bloy vivió en Vaugirard, luego en Anthony, más tarde en Montrouge, y compartió con su familia la más absoluta miseria. Sus dos hijos murieron durante estos años. El Diario publicado no es la simple colección de las notas tomadas cotidianamente por Bloy y que, todavía hoy, permanecen inéditas en parte. El autor trabajó largamente en la elaboración de estas notas, no conservando más que aquello que a su juicio podría ocupar un lugar en un libro «compuesto». Pero si escogió tan sólo lo que pensaba ofrecer al público, no lo hizo para ocultar este o aquel aspecto de su vida, ni para presentar de sí mismo una imagen halagüeña.
Su única intención es la de exponer del modo más representativo, con todo el relieve necesario, la historia de su vida de hombre miserable, mezclada con la historia de sus afanes y de su pensamiento. Consignó en sus cuadernos y reprodujo en su Diario impreso los pequeños hechos cotidianos, aun cuando fueran insignificantes, y también sus descubrimientos espirituales, el comentario litúrgico del día, las notas sobre sus lecturas y los extractos de su correspondencia. El escritor de libelos, el hombre del dolor y el contemplativo se expresan de un mismo modo en estas páginas, donde el grito es más frecuente que el análisis del yo, al que nos tienen acostumbrados los autores de diarios íntimos. No hay casi en toda la literatura autobiográfica un libro tan desgarrador como El mendigo ingrato, de tan provocativo título. Pero tampoco lo hay que haya logrado retener mejor, en un lenguaje de incomparable belleza, las iluminaciones espirituales y los movimientos de adoración de un alma profundamente mística.

