Los Espíritus, Pierre de Larrivey

[Les esprits]. Comedia en cinco actos de Pierre de Larrivey — traducción francesa de su apellido italiano Giunti— (1540-1612), publicada en 1579, y quizá nunca representada. AÍ vie­jo tema terenciano que pone frente a frente dos tipos de educación, severa una, más humana y blanda la otra (v. Adelfos), se mezcla una historia plautina de espíritus y dinero robado (v. Aulularia y Mostellaria).

Hay en ella dos hermanos ancianos, Hilario indulgente y generoso, y Severino, avaro y regañón; este últi­mo tiene tres hijos, Fortunato, Urbano y Laura. Confía la educación de Fortunato a su hermano Hilario y guarda consigo a los otros dos. Los obstáculos que los jóve­nes encuentran en sus amores, y las astu­cias a que recurren ayudados por el criado Frontino antes de llegar al feliz desenlace, forman la trama principal de la comedia. Una noche en que Urbano aprovecha la ausencia de su padre para invitar a su amada Feliciana, el padre vuelve de im­proviso, y Urbano lo hubiera pasado muy mal, si Frontino no hubiera entretenido al viejo por la calle haciéndole creer que en su casa se habían instalado los espíritus.

Se­verino aterrorizado, esconde en un agujero su bolsa llena de oro, sin saber que le está espiando Desiderio, enamorado de su hija Laura. Aprovechando un momento de ausencia del anciano, Desiderio saca las monedas de oro de la bolsa y mete en ella unas piedras, y cuando el tiránico Seve­rino quiere entrar de nuevo en su casa y recuperar su «querida bolsa» ha de consen­tir en el matrimonio de su hijo con Feli­ciana y en el de su hija Laura con Desi­derio hijo de Hilario. La afable bondad de éste resuelve finalmente la embrollada si­tuación. Esta comedia procede, pues, de Plauto y de Terencio, pero a través de la Aridosia (v.) de Lorenzino de Médici: con ella se enlazarán La escuela de los mari­dos (v.), El avaro (v.) de Moliere y El retorno imprevisto (v.) de Regnard. No con­tiene ideas originales, pero no es difícil encontrar en ella una verdad cómica y una agilidad de diálogo que contribuyeron a que la comedia se difundiera en el teatro francés.

G. Alloisio

Larrivey recuerda a Moliere por la fecundidad de sus argumentos, por la com­plicación de sus «enredos», por sus ocurren­cias vivas y francas y por cierta inspira­ción rápida, abundante, que a un mismo tiempo tiene algo de Plauto y de Rabelais. (Sainte-Beuve)