Los Amantes Conscientes, Richard Steele

[The Conscious Lovers]. Comedia inglesa de sir Richard Steele (1672-1729), representada en 1722. El joven Bevil tiene que casarse, por voluntad de su padre, sir John Bevil, con Lucinda, hija del rico mercader Sea- land. No quiere rebelarse abiertamente pero no ama a Lucinda porque está enamo­rado de una joven, llamada Indiana, que conoció en Tolón y a la que ha protegido contra las malvadas maniobras de un in­digno tutor, llevándola a Inglaterra sin que lo sepa nadie. La provee de lo necesario para que viva decorosamente, mientras hace investigaciones para encontrar a su padre, prometiéndose presentarla a sir John y con­seguir el consentimiento para hacerla su es­posa. Lucinda, por su lado, ama a Myrtle, amigo de Bevil, por el que es correspondi­da, pero es cortejada, con la aprobación de su madre, por Cimberton, un pedante vanidoso. Bevil confiesa a Lucinda su aver­sión a las proyectadas bodas, pero al hacer esto despierta sospechas en el celoso Myrtle, que le desafía: el ejemplar joven se niega a batirse y explica los daños que derivan de una costumbre tan reprobable.

En el últi­mo acto todo se arregla: Sealand reconoce en Indiana el fruto de su primer matrimo­nio y satisfecho la casa con Bevil, con la aprobación de sir John. Lucinda casará con Myrtle, tanto más cuando Cimberton se re­tira al saber que la dote habrá de ser re­partida entre ambas hermanastras. La in­triga es una refundación de Andria (v.) de Terencio, que el autor incluso traduce en algunos pasajes, mientras es completamen­te original la escena del cuarto acto en que Bevil se niega a batirse; incluso, en el pre­facio a la edición de 1723, Steele declara que «todo fue escrito» para aquella esce­na y que «espera que pueda tener cierta eficacia sobre los godos y vándalos que frecuentan los teatros». En verdad, al es­cribir para el teatro proseguía su obra de depuración de las costumbres e, incidental­mente, con esta comedia que es la mejor entre las pocas que escribió, daba un mo­delo a la futura comedia sentimental que, introducida tímida y menos eficazmente por Colley Cibber (1671-1757), sólo un si­glo más tarde iba a tener vigoroso floreci­miento.

L. Krasnik