[Zemsta]. Comedia en cuatro actos, en verso, de Aleksander Fredro (1793-1876), estrenada en Leópolis en 1834. Entre las obras del mayor comediógrafo de Polonia y quizás del mundo eslavo, La venganza ocupa uno de los primeros lugares, como una de las más sabrosas evocaciones de la Polonia del siglo XVIII, con pintorescos y truculentos tipos de magnates y de pequeños nobles.
El copero Raptusiewicz y el notario Milczek, irreconciliables enemigos, se presentan como dos temperamentos diametralmente opuestos. El primero es el tipo del magnate de robusta estirpe, sanguíneo, violento, acostumbrado a dominar, sin tolerar oposiciones; es terrible en sus accesos de cólera, pero también se apacigua pronto; lleno de fantasía y gracia, le repugna la mentira y la disimulación, no sigue las vías legales y se forja su propia ley con la violencia. Su antagonista, el notario, es hipócrita, astuto, bilioso, y en todos sus actos busca la apariencia de la legalidad; es pendenciero a sangre fría; lleno de rencor, es acomodaticio y si es preciso apela a la voluntad de Dios; debajo de la artificial dulzura de sus palabras esconde el veneno del orgullo y los celos. Actúa de intermediario entre ambos, Papkin, insuperable figura de parásito, vil fanfarrón, verdadero Falstaff (v.) polaco. Dyńdalski, típica figura de noblezuelo al servicio de un magnate, y la viuda Podstolina, ya entrada en años y todavía ansiosa de nuevas nupcias, completan la galería de los personajes curiosos que la comedia presenta en un lenguaje eficazmente arcaizante.
El copero Raptusiewicz, viejo solterón, tío y tutor de la joven y rica Clara, quisiera casarse con la viuda Podstolina; por otro lado, Clara ama al joven Waclav, hijo del notario. Los dos jóvenes están separados por la enemistad de los ancianos, que desde hace años sostienen un pleito por unas lindes. El litigio se va haciendo cada vez más áspero, el copero desafía al notario, que le demanda mientras prepara su pérfida venganza: promete a la viuda Podstolina con su hijo Waclav y establece en el contrato nupcial que la parte inobservante pagará una penalidad de cien mil zloty. El copero, informado, al principio quiere asaltar con sus criados la casa de su enemigo, luego se domina y opone una venganza a la venganza: rapta a Waclav y le obliga a casarse con Clara, lo cual el joven acepta de muy buena gana. Todo acaba con una reconciliación, ya que la viuda Podstolina declara ser pobre y Clara anuncia que puede pagar la penalidad con su dote. La plástica, la continua comicidad, la construcción perfecta, el final feliz y natural, el encanto de la forma poética, hacen de La venganza una comedia digna de figurar al lado de algunas obras maestras de Molière y de Goldoni, cuya obra Fredro conoció en Italia y a cuyo arte debe indudablemente alguna que otra sugerencia.
C. A. Garosci

