La comedia de Michelangiolo dio el tema y el título a una de las primeras obras musicales para teatro, La Tancia o II Podestà di Colognole, ópera cómica en tres actos con música de Jacopo Melani (1623-1676) sobre libreto de Giovanni Andrea Moniglia, estrenada en Florencia el año 1657.
En el libreto de Moniglia, la bella y avispada campesina Tancia cortejada por varios pretendientes, es en realidad un personaje secundario, y posiblemente el título fue mantenido tan sólo para aprovechar la popularidad de la comedia precedente; el episodio dominante es el de los amores de Isabel y Leandro, a los que se opone el padre de la muchacha, Anselmo, alcalde («Podestà») del pueblo de Colognole, debido a la pobreza de Leandro. Gora, ama de Isabel, y Bruscolo, criado de Leandro, se ponen de acuerdo para engañar al viejo avaro y hacer posible la unión de los dos jóvenes. Tras diversas y movidas circunstancias el viejo consiente por fin hacer feliz a la hija. A este episodio central se entrelazan otros varios, cómicos y sentimentales, en los que participan algunos criados, ya astutos, ya estúpidos, graciosos jóvenes apasionados en distinto sentido, y grupos de campesinos, esbirros, soldados, músicos, etc., formando un conjunto bastante animado de intrigas, que constituye también una sabrosa pintura del ambiente, con una forma literaria que nunca excede de la medida, a pesar de que los personajes humildes usen expresiones dialectales.
La música de Melani ofrece uno de los primeros ensayos del estilo de la ópera bufa italiana, junto a las obras de Virgilio Mazzocchi, Marco Marazzoli y Antonio María Abbatini. Pero el elemento cómico no puede decirse que prevalezca, ya que alterna continuamente con la parte sentimental en la que Melani se aproxima al lenguaje musical de la ópera seria de aquel tiempo, resintiéndose ya de la influencia de la ópera veneciana (especialmente de Cavalli en quien, por su parte, se mezclan frecuentemente lo cómico y lo trágico) en la tendencia a la diferenciación de las formas declamatorias (recitativos) y cantables (arias, duetos, etc.), donde las primeras contienen los temas más dramáticos, y las segundas — que predominan en el conjunto —: las pausas líricas y a veces también melodías de gusto popular y de desarrollo vivaz e ingenioso. Los fragmentos sentimentales muestran en conjunto la expresión de un lirismo dulce y sosegado, idílico sin blanduras, si bien no fundamentalmente original.
La voz se despliega libremente sobre un fluido bajo continuo, integrado por dos violines que hacen más plena la armonía y la sonoridad; recuérdese por ejemplo, la primera aria de Isabel «Han le piume acuti strali» y el recitativo-aria, también de Isabel: «Lassa, che fo, che veggio?», donde el bajo cromático adopta un aire de «passacaglia» (repetición obstinada de un mismo dibujo). Entre los trozos de conjunto es bastante delicado el coro en terceto de voces femeninas «Placida Teti», en el que las partes se funden casi formando un eco. El final del segundo acto es muy movido, con gran confusión escénica, raptos y fugas; sereno y melodioso es el cuarteto con que termina la ópera. En las escenas cómicas el músico usa, como el poeta, un lenguaje distinto, fácil y de sabor popular, como puede apreciarse en el aria de Tancia: «S’io miroIl volto del mió bel Ciapino»; en la de Ciapino: «Talor la granoeehiella» con graciosas imitaciones de cantos de animales, y en el dúo de Bruscolo y el criado tartamudo, Bezzo, donde se utiliza el efecto del tartamudeo, sin caer en los recursos triviales de Cavalli, en comparación con el cual Melani demuestra en las partes cómicas una mayor sobriedad y decoro. Algunos fragmentos de Tancia han sido transcritos en notación moderna en los Studien zur Geschichte der italienischen Opem im 17. Jahrhundert por Hugo Goldschmidt (vol. I, Leipzig, 1901).
F. Fano

