Tancredo, Voltaire

[Tancréde], Tragedia de Voltaire (François-Marie Arouet. 1694-1778), representada por primera vez el 3 de septiembre de 1760. La acción se desarrolla en 1005 en Siracusa, última ciudad libre de Sicilia cuyo dominio se reparten los griegos de Bizancio y los musulmanes al mando del valiente Solamiro.

Las discordias intestinas que dividen el partido de Argiro y el de Orbassano encuentran arreglo mediante el matrimonio político entre Amenaide, hija del primero, y este último. Pero la prome­tida ama a un valiente caballero, de nombre Tancredo, desterrado de Siracusa y odiado por ambos partidos en pugna. Amenaide manda un mensaje a su amado invitándole a regresar a su patria donde sería jubilo­samente recibido por el pueblo: con todo, para no comprometer a Tancredo en caso de que su mensaje fuera interceptado, es­cribe de modo que dé a entender que el destinatario es Solamiro.

El mensaje es cap­turado; Amenaide es acusada de alta trai­ción por inteligencia con el enemigo de la patria y de la fe; ésta no se defiende para no traicionar el nombre de su amado y es condenada a muerte. Pero Tancredo, de in­cógnito, provoca un juicio de Dios y mata a Orbassano, que en la liza sostenía la culpabilidad de la que fue su Amenaide. La tragedia sigue encendiéndose en el ánimo de los protagonistas. Amenaide es despreciada, pues Tancredo, si bien la ha defendido en campo abierto por generosidad hacia la mujer un día suya, la cree realmente culpable de inteligencia con Sola­miro, y por esto la detesta. El caballero, que cree que la vida ya no tiene para él ninguna razón de ser, toma parte en una acción contra los musulmanes de Solamiro, mata a éste, y llevando a cabo actos de pro­digioso valor, cae herido de muerte.

El des­cubrimiento del equívoco y la reconciliación entre el moribundo y Amenaide cierran esta tragedia artificiosa y pesada. La ambientación en la Siracusa del siglo XI no podría con justicia ser tomada por un anticipo del amor romántico hacia la Edad Media: el colorido histórico y legendario está del todo ausente, y todo el desarrollo escénico nace de la calculada obstinación de los persona­jes en no querer comprenderse y continuar en el equívoco que hace avanzar mecáni­camente la acción.

E. Cione

Quiso ante todo crear una tragedia verdaderamente moderna. El argumento es uno de los más bellos y más patéticos que se hayan, visto en el teatro; su trama es sencilla, audaz, trazada con mano maestra; en, cambio, todos convienen en que la ver­sificación es vulgar, corriente, precipitada, y que en ella la declamación ocupa el puesto de la verdad. (De Musset)