La Tancia, Michelangiolo Buonarroti el Joven

Comedia rústica en cinco actos, en octavas, original de Michelangiolo Buonarroti el Joven (1568-1642), representada en 1611 ante los grandes duques Cósimo I y María Magdalena, en Florencia. Ceceo y Ciapino, dos jóvenes aldeanos, se encuentran; Ciapino confiesa su ardiente amor por Tancia (v.), bella campesina hija de Giovanna, y encarga a Cecco, que es fácil en el hablar, que lo haga en su nombre.

Cecco consiente, pero advierte al amigo que en torno a Tancia anda uno de la ciudad, Pietro Belfiore. En efecto, éste, mientras Tancia se halla en el huerto y habla a solas de Cecco, del cual está secre­tamente enamorada, le manifiesta con pala­bras dulzonas y escogidas su amor. Pero ella rudamente escapa, y poco después disputa con su amiga Cosa, porque ésta la incita a no despreciar la pasión del ciudadano. Cecco juega su papel, con gran dolor de Tancia, pero comienza a darse cuenta de que pasa algo, mientras Ciapino intenta en vano ma­nifestar su amor y es amenazado por Pietro. Cosa confía a Cecco que está enamorada de Ciapino, y las dos jóvenes piensan ayu­darse mientras vivan.

Tancia, movida por la impaciencia de su alma y las insistencias de Pietro, cae desmayada: se origina aquí una escena curiosísima de exorcismo popu­lar para hacerla volver en sí. El ciudadano, cada vez más enamorado, la pide por esposa a su padre, el aldeano Giovanni, y se con­ciertan las bodas. Ciapino y Cecco, desespe­rados, piensan matarse, mientras el viejo Giovanni manifiesta su contento puesto que la hija se convertirá en señora, si bien Pietro lo trata altivamente. Corre la noticia de la muerte de los dos jóvenes campesinos que — se dice — se han arrojado por un preci­picio. Las jóvenes, doloridas, dan lugar a grotescas escenas de desesperación. Tancia manifiesta su amor por Cecco, y Cosa por Ciapino.

Pero todo se resuelve bien porque los dos jóvenes, al caer, no se han causado mal alguno y Pietro es retenido por la familia para que no se consuma un matri­monio tan loco. La comedia está animada por intermedios bailables y musicales con alegorías de los «frugnolatori», es decir, de los cazadores con linterna que hacen gran acopio de mirlos y tordos; de los que cazan con liga; de los pescadores y pescadoras que se entregan a su tarea en los remansos del Mugnone; de los segadores que entonan un himno al futuro pan. Una vez más se afir­ma aquí la tradición de la poesía campesina y rústica de tan fuerte raigambre en Tos­cana. Como en la Nencía (v.) de Lorenzo de Médicis, Ciapino, Pietro y Cecco se la­mentan de la indiferencia de la robusta y esquiva Tancia.

Existe también una encu­bierta contraposición de la Amínta (v.) de Tasso; como en ésta, Silvia se conmueve solamente cuando cree que Aminta ha muer­to al arrojarse en el precipicio, y aquí Tancia se desata en un llanto de amor por Cecco cuando sabe la falsa noticia de su muerte. Pero el tono es grotesco y burlesco, casi de parodia. Tancia es una obra que se mantiene todavía hoy lozana, brillante de agudeza, vivacidad y fuerza dramática; está escrita en un lenguaje colorista, que a veces constituye el verdadero fin de la obra.

E. Allodoli