[La porta chiusa], Comedia en tres actos de Marco Praga (1862-1929), estrenada en 1913. Es una obra de la plena madurez del artista, que se mantuvo firme en su posición de retaguardia, conciliando la herencia de Dumas hijo con la defensa de una teatralidad explícita, directamente representativa, y no sugestiva.
En esta obra, sin embargo, el tema del adulterio, motivo dominante de este teatro, fue sacado del escenario para quedar relegado a un segundo término, oculto en el pasado amor de Blanca y Decio. Deberá ser precisamente Julio, el adorado hijo de su culpa, quien lo saque a la luz, debatiéndose con la tortura a que le condena su ambigua posición. Él sabe y siempre ha sabido que tiene dos padres, y ha visto siempre en Decio la causa de su perenne sufrimiento y vergüenza. El muchacho tiene ahora veinte años y ha resuelto echar abajo la puerta que siempre le ha impedido la posibilidad de una vida respetable y regular, para crearse en otra parte una existencia libre de recuerdos dolorosos. En una escena dramática entre padre e hijo, la situación, que hasta entonces había quedado a la sombra de sus disimulos recíprocos, se pone violentamente en claro; por primera vez-Julio se dirige a Decio llamándole padre, pero, al mismo tiempo, declarándole su decisión.
Blanca, presa de un angustioso presentimiento, interviene de improviso entre ellos, comprende lo que ha ocurrido y lo que ocurrirá, y valerosamente confiesa a su hijo su culpa, ya purgada en los largos años de pureza fraternal entre ella y Decio. Ahora todo está claro, pero, rotos los vínculos del compromiso, Julio debe partir, y su ausencia será para Blanca y para Decio la verdadera expiación. Con La puerta cerrada, la comedia burguesa revela nuevos caracteres: el drama de familia, que constituye su centro, se desenvuelve en lo íntimo de las almas más que en el juego de las situaciones; el problema del adulterio es visto, no en sí mismo, sino en sus consecuencias, casi como un motivo lejano en el que se busca, más que- una expresión dramática, una solución moral; en fin, la generación de los hijos se impone a la de los padres y plantea sus exigencias.
Aquí se sigue la antigua estructura teatral, que lleva el argumento en progresión dramática hasta la gran escena del desenlace, a partir de la cual los diversos elementos caen agotados, ya que no pacificados y resueltos, como tras la explosión de un fuego de artificio.
G. G. Severi

