La Pisanella o La Muerte Perfumada, Gabriele D’Annunzio

[La Pisanelle ou la mort parfumée]. Come­dia en verso, escrita en francés, de Gabriele D’Annunzio (1863-1938), representada en 1913 por Ida Rubinstein, con comentarios musicales de Ildebrando Pizzetti, y pu­blicada aquel año en una revista; a la vez apareció la traducción italiana de Ettore Janni.

El texto original se publicó por vez primera en volumen en 1935, con el título La Pisanella o el juego de la rosa y de la muerte, en tres actos y un prólogo. Sire Ughetto, rey de Chipre, cree reconocer en una meretriz pisana, disputada a golpe de oro y de cuchillo por los piratas que la cautivaron, a una santa de Ultramar que le había augurado una Mendiga, especie de imagen de la Pobreza a la que franciscana­mente quisiera tener por mujer. Para sus­traerla a los ultrajes de su propio tío, mata a este último; y con ella vive feliz hasta que la Reina Madre, fingiendo acogerla como a una hija, la llama junto a sí y la mata.

Lo que primero suscita la atención en la obra, es . el consabido lastre fastuoso de la glorificada lujuria, como si se tratase de una obra compuesta con retazos del Sueño de un ocaso en otoño (v.) y de la Nave (v.), y también el lastre paralelo, el de la erudición, hasta llegar al uso, como en el Martirio de San Sebastián (v.), de la lengua francesa. Ni la fábula ni los personajes están construidos coherentemen­te. D’Annunzio atenúa conscientemente, en esta obra, el tema erótico por medio de la música y la danza. Prueba de ello es la definición de «comedia» dada a la obra, en tanto que está definida como «tragedia líri­ca» en su primer «guión», que con el título La rosa de Chipre y con fecha de 1912 se lee en la edición de 1934 de la Alegoría del otoño (v.).

F. De Michelis

Lo describe todo, minuciosa, plástica­mente, con exactitud, que no es enumera­ción fría ni visión penetrante; saborea la sensación en cuanto tal, sólo por su inme­diatez, sin referencias. (Croce)