La Esposa Sagaz, Carlo Goldoni

[Sposa sagace]. Comedia en cinco actos, en verso, representada por primera vez en 1758. Se repite aquí un tema predilecto de Goldoni: el antagonismo entre madrastra e hijastra, pequeño drama de la juventud y la vejez hechas rivales, ya eficazmente presentado, ocho años antes, en La familia del anticuario (v.). Petro­nila, mujer madura, es servida, como se decía entonces, por el conde de Altomare, el duque de Balfiore, y el caballero Fe­rrante, los cuales, sin embargo, le dirigen sus personales galanteos sólo para poder acercarse a Bárbara, hijastra de ella. Ésta corresponde al conde de Altomare, con quien se casa secretamente con la compli­cidad de los criados Lisetta y Mariano.

Pe­tronila, para deshacerse de su rival, la promete al menos importante de sus cor­tejadores, el caballero Ferrante; y mien­tras tanto Policarpo, promete su hija con el duque de Belfiore. De aquí celos, iras y embrollos complicados con los chismes de Mariano y Lisetta, la cual querría ob­tener la tabaquera que Bárbara ha rega­lado a Mariano. Puestas las cosas en claro, todo se apacigua. Comedia clásicamente goldoniana, hecha de pasiones cotidianas y de intrigas entretejidas con naturalidad, tiene una particular elegancia en su estilo, un movimiento musical y hábil que avan­za entre el inquieto comentario de los cria­dos y las inquietudes del galanteo. No apor­ta valores nuevos al teatro de Goldoni pero manifiesta una segura madurez. Chia­ri se inspiró en parte en esta comedia para la Nuora saga ce [La nuera sagaz]; Ignazio Gerace le puso música con el título Molta paura e nessun male (1809).

U. Dèttore

Yo no diré que las ochenta y tantas co­medias de Goldoni deleiten todas; diré que todas respiran virtud, y que la mayor par­te de ellas deleitan verdaderamente. Que me deleiten a mí, todo lector debe concedérmelo porque hablo de una materia en la cual no puede haber juez más competente; que deleiten a los espectadores parece cosa muy probable. (P. Verri)

La naturaleza bien observada le parecía más rica que todas las combinaciones de la fantasía… Como Galileo, proscribió de la ciencia las fuerzas ocultas, lo hipotético, lo conjetural, y lo sobrenatural. Así él quería proscribir del arte lo fantástico, lo gigantesco, lo declamatorio y lo retó­rico. (De Sanctis)