La Casa Nueva, Carlo Goldoni

[La casa nova]. Una de Las más importantes comedias de Carlo Goldoni (1707-1793). Escrita en dialecto ve­neciano, en tres actos, fue representada por primera vez en 1761. Ofrece esta comedia uno de los motivos predilectos de Goldoni: el pequeño drama de la nueva generación en lucha con la antigua. Pero la antigua, tantas veces vencida, encuentra aquí su desquite. Anzoletto y Cecilia, jóvenes esposos, prepa­rn su nueva casa, pero Cecilia, estropeada por la educación recibida, tiene afanes de lujo, y Anzoletto, demasiado condescendien­te, carece de valor para revelarle sus estre­checes y contrae deudas por complacerla. Entretanto se hace más aguda la incompa­tibilidad entre Cecilia y Meneghina, her­mana de Anzoletto, que se ve obligada a sufrir la supremacía de la cuñada. Ayudada por Checca y Rosina, Meneghina trata de reconciliarse con el rico tío Cristofolo, el cual, desaprobando el matrimonio de Anzoletto con una joven presuntuosa y sin dote como Cecilia, no quiere saber nada de sus sobrinos. A duras penas logra obtener su apoyo y su protección para Lorenzino, que la ama. Pero los sucesos se precipitan: los obreros que amueblan la casa nueva quie­ren cobrar; los muebles son hipotecados, y Anzoletto ni siquiera está seguro de su li­bertad personal.

Entonces se revelan en Ce­cilia sus recursos de buen sentido y femini­dad: corre a ver a Cristofolo, le pide perdón por las locuras que ha cometido y que ha hecho cometer a su esposo, y consigue aplacarlo y obtener su ayuda: Lorenzino y Me­neghina se casan, Cristofolo paga las deudas de Anzoletto y la casa nueva se sacrifica a la necesaria economía que deberá regir la nueva vida. Como en muchas de las mejores comedias de Goldoni, también en ésta el verdadero protagonista es un ambiente: la casa nueva, que esta vez, sin embargo, es hostil, rechaza a los consternados persona­jes y es insensible a su drama. Y este dra­ma queda sofocado casi en un segundo pla­no, que, precisamente por esto, es más in­tenso. La discordia entre Cecilia y Mene­ghina; la atolondrada condescendencia de Anzoletto; el ansia con que éste sigue la formación de la nueva casa; la confianza un poco exaltada de Cecilia, propia de una esposa novel; la sencillez precavida y sabihonda de Checca y Rosina; la chismosa Lucietta; el bueno, desconfiado y gruñón Cris­tofolo, forman un mundo completo: el pe­queño mundo cotidiano, con todas sus mi­serias, sus locuras y su íntima e incons­ciente bondad.

U. Déttore

*   Victorien Sardou (1831-1908) imitó La casa nueva, de Goldoni, en la Maison neuve, comedia en cinco actos, representada en el año 1866. Son los protagonistas Génévoix, viejo propietario de una próspera tienda, y su sobrino, el joven Pillerat, ávido de no­vedades y de lujo, lo que, junto con su mujer, Clara, le impulsa a llevar una vida alegre. Pillerat mantiene a una bailarina, y su mujer acepta los galanteos de un conde arruinado. Pillerat llega a jugar a la Bol­sa para remediar sus elevadas deudas, pero pierde, el mismo día en que su secreta­rio huye después de haberle robado. En­tretanto, Clara descubre la infidelidad de su esposo, y escribe al conde diciéndole que vaya a buscarla, dispuesta a seguirlo; pero el conde llega junto a ella embriagado des­pués de una noche de orgía, y Clara, para librarse de él, le da opio. El conde cae como muerto. Clara, al oír que su marido llega con el comisario de policía para comprobar la fuga del secretario, esconde al presunto cadáver. Al fin todo se aclara: el secreta­rio es arrestado y los esposos vuelven para siempre junto al tío, a la vieja tienda.

*   La comedia revela la agudeza escénica del hábil comediógrafo, a pesar de que el episodio del fingido cadáver sea burdo. Junto al re­cuerdo de Goldoni, es evidente el de César Birotteau (véase Grandeza y decadencia de C. B.), de Balzac, en la figura y en el caso de Pillerat.

G. Alloisio