Entre las obras de tesis del dramaturgo uruguayo Florencio Sánchez (1875-1910), descuella, por su audacia, Nuestros hijos, comedia de ambiente urbano estrenada en el Teatro Nacional, en Buenos Aires, el 2 de mayo de 1907.
Consta de tres actos. El protagonista, el señor Díaz, distanciado de su esposa por motivos de infidelidad que mantiene en secreto, vive en caprichoso aislamiento social, acumulando datos policiales que guardan relación con informaciones sobre la natalidad ilegítima.
La tramitación de un lance caballeresco entre su hijo Alfredo y Enrique, novio de Mecha, su hija, y la actitud del hermano de ésta ante la negativa de Mecha a casarse con su seductor, porque no lo ama, enteran al señor Díaz de lo ocurrido y lo determinan a convertirse en desafiante protector de su hija.
Tal actitud provoca una violenta escena familiar. El señor Díaz, ante la agresión moral que le plantea su propio hijo Acusándolo de haber abandonado su hogar y ofender el decoro de la familia, se defiende revelando su guardado secreto. Revelado el motivo de su voluntario aislamiento, ante el asombro y el desconsuelo de los suyos, propone una reconciliación comprensiva «para edificar sobre ella un nuevo hogar».
Como no logra su intento, invita a su hija Mecha «a formar ese hogar con la verdad» y en consonancia con los derechos del amor y de la vida, desafiando los convencionalismos sociales. En esta obra, como en Los muertos (v.), se advierte la influencia que sobre Sánchez ejercieron, entre otros, Ibsen y Lenormand.
J. Pereira Rodríguez

