Fray Bacon y Fray Bungay, Robert Greene

[The Honrable History of Friar Bacon and Friar Bungay]. Comedia inglesa en cinco actos, en verso y prosa, de Robert Greene (1558- 1592), representada e impresa en 1594. Se compone de un doble argumento. Una par­te está formada por las aventuras de Fray Bacon, que se dedica a la magia, y que, con la ayuda de Fray Bungay, fabrica una cabeza de bronce y evoca al Diablo para infundirle la palabra. El Diablo promete que la cabeza hablará dentro de un mes; pero cuando habla por vez primera, es necesario que uno de los dos magos la oiga personal­mente antes de que acabe de hablar, de otra forma todo el trabajo resultará inútil. Fray Bacon vela día y noche durante tres semanas; después, para dormir, pone de guardia a su criado con el encargo de despertarle en cuanto la cabeza empiece a ha­blar. La cabeza empieza a hablar; sin em­bargo, el criado cree que no vale la pena despertar a su amo por las pocas palabras que dice; de manera que, acabada la última frase, la estatua cae y se hace añicos. Este mediocre argumento, con el que Greene quiso a lo mejor rivalizar con el Fausto (v.) de Marlowe, se basa, en parte, sobre un opúsculo en prosa: The famous History of Friar Bacon, que recoge leyendas rela­tivas al famoso sabio y filósofo franciscano Roger Bacon (12149-1294; que no hay que confundir con el filósofo posterior Francis­co Bacon) y al otro franciscano Thomas Bungay (alrededor de 1290), a los que se les creía consagrados a prácticas de magia.

A este material, Greene añadió recíprocos engaños de los dos personajes y sus compe­ticiones de magia ante los soberanos. En el segundo argumento, el príncipe Eduardo (tal vez el que llegó a ser más tarde Eduar­do I) se enamora de la bellísima hija del guardabosque de Freshingfield, Margarita, al verla atareada en su granja y al recibir de sus manos una taza de leche. El príncipe encarga a Lacy, conde de Lincoln, que le haga de intermediario y le conquiste el corazón de la muchacha. Lacy, a su vez, se enamora de Margarita y su amor es co­rrespondido. El príncipe, enojado, quiere matar al traidor; sin embargo, acaba per­donando y consintiendo en la unión de los dos enamorados. Lacy pone a prueba a la muchacha simulando que está obligado por el rey a casarse con una dama española. Desesperada, Margarita decide tomar el há­bito de monja; Lacy regresa y se casa con ella. Sobre el segundo argumento influyó ciertamente el gusto arcádico vigente, al que, por otra parte, Greene se muestra también sensible en su Menajphon (v.). Mar­garita, jovencita pura y cariñosa, es, em­pero, más allá de cualquier convención, una mujer que no tenía antecedentes en el tea­tro inglés, por su verdad humana y por su delicada feminidad. Se puede considerar como la primera mujer artísticamente viva llevada al teatro en Inglaterra; se anticipa a las suaves figuras femeninas de las co­medias de Shakespeare.

S. Ramat