Franzl, Hermann Bahr

Comedia de Hermann Bahr (1863-1934), crítico, comediógrafo y nove­lista austríaco, representada en 1901. Si en las otras comedias Bahr había querido al­canzar ciertos efectos con un lenguaje agra­dable y un elegante tono irónico, aquí, en cambio, procura dar un valor más íntimo a su obra; junto a las otras dos comedias, Sanna y La Voz, Franzl fue la obra predi­lecta de Bahr: «solamente sobre estas tres obras teatrales — escribió él mismo — podría quizá fundar una leve esperanza de ser introducido en la inmortalidad literaria’». Bahr se dedicó siempre con gran empeño a la formación de una cultura austríaca, y Franzl  constituye una continuación de la tradición del Volkstück vienés con costum­bres, usos, dialecto y personajes queridos por el pueblo. La humanidad de la figura principal y el amable lenguaje vienés, con­quistan y emocionan. Franzl es el conocido poeta popular austríaco Stelzheimer, queri­do en toda Austria por sus cantos en dia­lecto de la región de Linz; y Bahr, que le consideraba como uno de los más dotados talentos poéticos de Austria, ha evocado su personalidad con un sentimiento vivo y fresco de sentida poesía.

La comedia está constituida por cinco escenas, en las que se representan momentos sucesivos de la vida de Stelzheimer. Le vemos antes en sus vagabundeos juveniles, en su vida de gi­tano, cuando, en la miseria y en el aban­dono, se consuela a sí mismo con su vena poética, serena y melancólica, llena de dul­zura y de fuerza. Le vemos luego en la casa paterna, donde le acogen con el rudo y sen­cillo cariño de los campesinos. Sin embargo, es ésta la última vez que Franzl goza de la serena y segura vida de familia. Continúa vagabundeando; le encontramos al cabo de muchos años en un ambiente aristocrático de Viena, del que el poeta campesino tiene la ilusión de poder formar parte para afirmarse en la vida literaria de la capital. De todos modos pronto se da cuenta de que no es aquél el mundo en el que pueda ser acogido y donde pueda sentirse a sus an­chas, y vuelve entre los campesinos para cantar, con ellos y para ellos, el canto sen­cillo de su más genuina inspiración. Y la muerte lo arrebata en la última escena, an­ciano y amado por todos los que se han acercado a él, contento de concluir serena­mente, junto a su esposa y a sus hijos, una vida dolorosa, pero no vana. «Er ist ein so guater Mensch g’wes’n!»

E. Beck