El Viaje del Señor Perrichon, Eugène Labiche

[Le voyage de Monsieur Perrichon]. Estrenada en 1860, esta famosa comedia de Eugène Labiche (1815-1888), compuesta en colabo­ración, con Edmond Martin, está conside­rada todavía en la actualidad como una de las más divertidas y afortunadas de aquel maestro del «vaudeville» ochocentista.

El protagonista Perrichon es el acostumbrado burgués rico, afortunado en sus negocios, presuntuoso, ingenuo y astuto al mismo tiempo, benévolo pero pronto a enfriarse en una gravedad cómica, atestada de luga­res comunes y de frases hechas. Las ambi­ciones mundanas de Perrichon pueden suge­rir también sabrosos puntos de contacto con el monsieur Jourdain (v.) del Burgués gentilhombre (v.). Realiza un viaje de pla­cer a Suiza, con su esposa y su hija, la bella Henriette, acompañados por sus pre­tendientes, Daniel y Armand, cada uno de los cuales se esfuerza en congraciarse mejor que el otro con el padre. Armand tiene la fortuna de salvar a Perrichon, que se había aventurado por un ventisquero; pero Da­niel, en la misma excursión, se ve en el trance de que Perrichon le salve a él. Según parece, Armand es el preferido de Henriette, pero con su inoportuna asiduidad compro­mete la situación: el señor Perrichon, en una discusión, ha ofendido casualmente a un oficial, quien le desafía en duelo: satis­fecho de poder dar una nueva prueba de su valor, se prepara para el encuentro con cómica solemnidad, pero sin embargo ha avisado a la policía para qué intervenga en el momento oportuno.

Pero Armand, preocupado por el peligro de su futuro sue­gro, logra persuadir al oficial de que desista del combate, quedando después lleno de asombro al verse despedido por Perrichon, enfurecido por haberle hecho perder una gran ocasión. Entonces Daniel se concede el maligno placer de triunfar sobre la inge­nuidad de su rival, confesándole el truco del «salvamento» y diciéndole que un «im­bécil es incapaz de soportar por mucho tiempo el aplastante peso del reconocimien­to». Pero Perrichon ha sorprendido las úl­timas frases de esta confidencia; en el paro­xismo de la indignación, echa fuera a Da­niel y da a Armand la mano de Henriette. Los imprevistos giros de la situación hasta el golpe de la escena final se suceden rápi­damente en un juego de inesperados inci­dentes, de ligeros epigramas que conservan la mágica ilusión de la más absoluta natu­ralidad, de tal manera que la comedía puede considerarse como una obra maestra en su género.

M. Bonfantini