El Valiente Justiciero y Rico Hombre de Alcalá, Agustín Moreto y Cavana

Comedia de argu­mento histórico del español Agustín Moreto y Cavana (1618-1669), publicada en la Pri­mera Parte (Madrid, 1654) de su teatro.

Como en otras, de sus comedias, también en ésta toma Moreto uno de los motivos de Lope de Vega calcando la comedia de éste El infanzón de Illescas a través de la su­puesta refundición de Andrés Claramonte en la comedia El rey Don Pedro en Madrid (v.). Don Tello García, gran señor de Alcalá de Henares, cerca de Madrid, hace pesar sobre sus vasallos la más cruel de las tiranías: so­mete a sus deseos a doncellas y a casadas, y no se contenta sólo con las plebeyas, sino que persigue también a las nobles como doña Leonor de Guevara, que en vano invoca la reparación de su honor y pide que caiga sobre la cabeza del cínico seductor la ven­ganza divina y la humana.

Los abusos del arrogante gentilhombre llegan a oídos de la corte, y el rey don Pedro, para comprobar personalmente las violaciones de la ley co­metidas por don Tello, se disfraza de va­sallo y halla manera de amonestar a don Tello para que se guarde de la justicia del rey. Pero aquél, en su orgullo insensato, se burla del monarca, sosteniendo que don Pedro, de hombre a hombre, es decir, sin la protección de la majestad, no osaría oponérsele. Entonces el rey, presentándose en Alcalá con los atributos de su real per­sona, da audiencia a los ofendidos por don Tello, decretando el destierro para el seduc­tor de Leonor. Luego, con el nombre de «caballero don Pedro», encuentra a don Tello en el bosque y, desafiándole sin decla­rar quién es, lo vence. Entonces, ante el pueblo reunido, el rey se da a conocer, para demostrar que es «justiciero» y no «cruel».

La comedia desenvuelve del modo más usual el motivo legendario del rey «justiciero» sin profundizar, sin embargo, en los aspectos tea­trales, que continúan sujetos a esquemas todavía fijos. Sobresale, sin embargo, la maestría del diálogo, que conserva su vive­za y naturalidad, en el indispensable juego de la rima pareada, la habilidad del meca­nismo escénico y la justa medida en que la nota cómica, representada por los criados Perejil e Inés, está mantenida, en contra­posición a los elementos dramáticos de la comedia.

G. C. Rossi