El Valor de la Ciencia, Jules-Henri Poincaré

[La valeur de la Science]. Obra de Jules-Henri Poincaré (1854-1912), publicada en 1905. Cons­tituye una toma de posición frente al nomi­nalismo científico, en la que el autor sos­tiene un convencionalismo y un relativis­mo que tratan de ser definidos dentro del cuadro de la razón y no llevan a una posi­ción negativa ante las posibilidades de la ciencia.

La intuición tiene una función pre­ponderante en la filosofía de Poincaré, pero como parte de la inteligencia. La lógica pura no nos conduciría más que a la tautología, y por consiguiente no basta para crear la ciencia; pero la intuición por sí sola no puede a su vez ofrecernos el rigor y la cer­teza que son indispensables a todo saber científico. La lógica en cuanto nos propor­ciona la «certeza» es el instrumento de la demostración; la intuición es el instrumen­to de la invención. Lógica e intuición son a la vez necesarias en la constitución y el progreso del saber, y en particular del cono­cimiento matemático. La naturaleza com­pleja de la inteligencia se revela en su conexión indisoluble. Poincaré defiende la li­bertad y el poder creador del espíritu. El empirismo irracional es más defendible que el apriorismo absoluto.

El científico inter­viene activamente en la constitución del saber. Los principios generales de la cien­cia, como los axiomas que les sirven de fundamento, tienen un valor hipotético; no son, por consiguiente, ni verdades experimentales propiamente dichas, ni verdades apriorísticas. Son convenciones propuestas libremente por el espíritu, pero no arbitra­riamente. En esta selección el científico se inspira en consideraciones de comodidad y de simplicidad. La experiencia sirve de guía, pero nada nos impone. Poincaré se adhiere por lo tanto al pragmatismo, pero no en la forma de un utilitarismo. Combate así el instrumentalismo y el antiintelectualismo de Le Roy. El criterio de comodidad, basándo­nos en el cual juzgamos el valor de una teoría, debe ser entendido en términos ob­jetivos: es más cómoda la teoría que com­prende un mayor número de fenómenos, la que podríamos llamar más explicativa. El fin de la ciencia es la búsqueda de la ver­dad, el conocimiento desinteresado. Por de­finición será intelectualista o no existirá. El nominalismo es válido dentro de límites precisos. No es cierto, como sostiene Le Roy, que el científico cree libremente el hecho científico, porque es el hecho irracional lo que se lo impone. El hecho científico no es sino la traducción del hecho irracional a un lenguaje fácil y apropiado; este len­guaje es el que el científico crea.

La ciencia no es una construcción artificial y subjetiva. Afirmar que no tiene valor objetivo, porque nos da a conocer «relaciones» y no «supo­siciones», es incurrir en contradicción, por­que tan sólo las relaciones pueden ser con­sideradas como objetivas. Nada es objetivo si no es idéntico para todos, si no es a la vez transmisible mediante el «discurso», es de­cir, inteligible. Todo lo que es objetivo es a su vez relación. Los objetos no son más que grupos de sensaciones cimentadas por un nexo constante. Este nexo es objeto en sí, y a la vez es una relación. La ciencia es un sistema de relaciones. He aquí el rela­tivismo de Poincaré: no un subjetivismo, sino la refutación del significado «cosista» de la ciencia. Si niega que ésta nos haga captar la verdadera naturaleza de las cosas, esto es de las suposiciones, le reconoce la posibilidad de determinar las verdaderas relaciones de aquéllas. En la ley la ciencia tiende a captar y expresar la armonía real del universo.

Poincaré acepta los conceptos fundamentales de la «crítica de la ciencia», pero logra evitar las consecuencias paradó­jicas y escépticas. De aquí que su influencia persista todavía hoy. Suyas son, en reali­dad, las tesis principales en que se inspira la epistemología contemporánea: la idea de la relatividad y progresividad del saber cien­tífico, la oposición al significado metafísico de la ciencia, su reducción a un conjunto de relaciones y en particular la importancia atribuida a la matemática. como el único lenguaje verdaderamente científico y a la necesidad y función de la física matemá­tica.

A. Denti