El Pope Ciro y el Pope Espiro, Stevan Sremac

[Pop Cira-Pop Spira]. Novela humorística del serbio Stevan Sremac (1855-1906), publi­cada en 1898. Dos sacerdotes ortodoxos, el pope Ciro y el pope Espiro; sus mujeres, Persa y Sida, y sus hijas casaderas, viven en un rico pueblo del Banato. Llega al pueblo un nuevo maestro, el joven Pera. Conoce primero al pope Espiro, y éste, en seguida, le invita a comer.

Julia (Jula), la hija del pope Espiro, es buena y hermosa, pero tímida, y no consigue agradar al joven Pera. El pope Ciro, en cambio, junto con su quisquillosa mujer y su desenvuelta hija Melania, quiere conquistar al joven, y con este fin se dirigen, después de comer, a casa del pope Espiro y consiguen llevar­los a todos a su casa. Al volver el pope Es­piro riñe a su hija por no haber sabido agradar al maestro; Julia, que ya simpati­zaba con el barbero Šac, por reacción siente crecer su inclinación hacia él. Pero sus padres no quieren ni oír hablar de un yerno barbero. La discordia entre los dos sacer­dotes, excitados por sus respectivas mujeres, culmina cuando ambos llegan a las manos; el pope Espiro rompe un diente al pope Ciro, y éste le denuncia al obispo.

Los dos sacerdotes son llamados a Temesvar. Du­rante el viaje, el pope Espiro consigue, con sus amigos, sustraer y sustituir el diente que constituye el cuerpo del delito. El pope Ciro presenta así al obispo un diente de caballo y consigue con dificultad evitar graves castigos, y el pope Espiro, en cam­bio, se gana un ascenso. Se celebran entonces las bodas: Melania se casa con el maestro, y Julia con el barbero. El epílogo nos muestra, pasado algún tiempo, a Pera, triste por sus conflictos familiares, frente a la feliz serenidad’ de Julia, con su hijo y con el marido que se ha hecho dentista. Éste es el argumento de la novela más popular de Sremac, considerado el humorista más importante del realismo serbio.

Los tipos de esta obra, la mejor de sus novelas, se han hecho proverbiales. Las escenas, in­cluso las más breves, revelan una observa­ción aguda y una feliz comprensión de los caracteres.

L. Salvini