El Persa, Comedia de Plauto

[Persa]. Comedia de Plauto (2559-184 a. de C.), cuyo título procede de la escena en que un criado, disfrazado de persa, consigue enredar al Celestino acos­tumbrado en estas comedias. Durante la au­sencia de su amo, el criado Tosilos, que goza de la más completa libertad, querría rescatar del mediador Dórdalo a la bella Lemniselene, de la cual está enamorado. Pero le falta el dinero. Un esclavo amigo suyo, Sagaristión, le ofrece la suma nece­saria, pero como ésta no le pertenece y había de servir para comprar un par de bue­yes por encargo de su amo, es menester hallar en seguida la manera de recuperarla a costa de alguien. Los dos criados meditan entonces una trampa a costa del alcahuete: hacen llegar a sus manos una carta, que le recomienda a un mercader persa el cual ha venido a Grecia para vender una bellí­sima esclava árabe.

El persa será Sagaristión, la muchacha árabe una joven libre, quien a petición de su padre, el parásito Saturión, amigo de los dos esclavos, con­siente en tomar parte en la ficción. El en­redo tiene éxito. Dórdalo recibe con toda cordialidad al falso persa y, después de un ponderado contrato, acaba por adquirir a la muchacha y desembolsar el dinero; al llegar a este punto, como estaba convenido, comparece Saturión, quien reclama a su hija y cita ante el tribunal al mediador, como culpable de haber adquirido como esclava a una muchacha libre. Defraudado en su dinero y en la compra de la muchacha, el alcahuete queda expuesto a las irrisio­nes y malos tratos de los esclavos amigos de Tosilos, por los cuales son después invitados en casa del amo ausente para celebrar la liberación de la muchacha y la victoria sobre el mediador.

La falsificación de la carta, el disfraz, la venta fingida y la burla final a costa del alcahuete, son episodios comunes en estas comedias; su originalidad reside en la elección de am­biente: un mundo de esclavos, de libertos y parásitos en los cuales la chanza se desen­frena, carnal y canallesca, y el habla popu­lar triunfa en toda su rudeza. Por esta fundamental unidad de clima la comedia ad­quiere carácter colectivista, sus personajes se dibujan con juegos recíprocos y viven en su solidaridad elemental, enteramente sensual, y en la comunión característica de los inferiores, que se entienden guiñando el ojo.

F. Della Corte