El Filósofo Veneciano, Pietro Chiari

[Il filosofo viniziano]. Esta comedia en versos alejan­drinos, que el abate Pietro Chiari (1711- 1785) hizo representar en Venecia en 1753, en lo más fuerte de su lucha contra Goldoni, contraponiéndola al Filósofo inglés (v.) de éste, señaló para él un verdadero triunfo. En el curso de sus cinco actos, que ocurren en Amsterdam, seguimos las peri­pecias de Zanetto Bisognosi, un comercian­te veneciano que, con nombre fingido, viaja por el mundo muy honrado por todos. Ha abandonado la patria rebelándose contra su padre, que quería imponerle el matrimonio con una joven extranjera que él no conoce. Ahora le entretiene en Amsterdam el amor por Marianna, una muchacha huérfana que corresponde a su pasión, haciendo frente a la madrastra, que toma partido por un des­conocido pretendiente elegido por el padre; día tras día aguardan a este pretendiente, sin que él aparezca. Pero el matrimonio anhelado por los padres de ambos jóvenes, al que ellos tan encarnizadamente se opo­nen, es precisamente el mismo que ellos desean y que pondrá feliz término a la co­media.

Ésta toma su título de la profesión de fe del protagonista, que a cada momen­to se las echa de filósofo. Su filosofía es completamente veneciana: «Otros la ponen en el sentido y yo la pongo sólo en el honor; otros la ponen en el espíritu, y yo sólo en el corazón», según declara en su dialecto nativo. Es, por tanto, un hombre galante, razonable, generoso y equilibrado, al que hace frente el extravagante y luná­tico barón de Osbech, gobernador civil de la ciudad de Amsterdam, siempre peleándose con los criados y con cuantos solicitan sus favores. Entre los dos ocurre una cu­riosa escena, en la que Chiari polemiza contra sus adversarios, rebatiendo, por boca de Zanetto, punto por punto, las críticas hechas a sus tres últimas comedias (Mo­lière, Pamela maritata, La sposa ciñese) y también rompe una lanza en defensa del otro género cultivado por él con tanto ar­dor: la novela. Obra híbrida, como todas las de Chiari, a la que hacen pesada lo heterogéneo de los personajes y las situa­ciones que el autor superpone caprichosa­mente al núcleo fundamental, debe sus par­tes mejores a la imitación del arte de Goldoni, patente sobre todo en la figura del protagonista.

E. C. Valla