El Filóstrato, Giovanni Boccaccio

[Il Filostrato]. Poema de asunto clásico, en nueve cantos, de Giovanni Boccaccio (1313-1375), compuesto en Nápoles entre 1337 y 1339. El título, com­puesto de un término griego, «filos», y uno latino, «stratus», quería significar, en la filología más bien aproximativa del autor, «abatido o postrado por el amor». El metro del poema es la octava, que se había hecho el metro tradicional y característico de los cantares y de los poemas de caballería; la materia deriva genéricamente de las le­yendas del ciclo troyano, muy difundidas, especialmente del extensísimo Román de Troya (v.) del francés Benoit de Sainte- More (siglo XII), del resumen latino que de esta obra hizo Guido delle Colonne, en la segunda mitad del siglo XIII, y, con mayor probabilidad, de la versión vulgar del poe­ma francés debida a un tal Binduccio dello Scelto. De todos modos, Boccaccio ha re­compuesto libremente la materia de sus fuentes. La acción nos lleva a los tiempos de la guerra de Troya, cuando el sacerdote troyano Calcas, previendo la caída de la ciudad, se refugia en el campo griego. Su hija Criseida, en cambio, queda prisionera en Troya y de ella se enamora locamente Troilo (v.), último hijo de Príamo.

Toda la primera y larga parte del poema está dedicada a la narración de las tentativas de Troilo para revelar a la hija del sacer­dote la intensidad de su pasión. Llega a tiempo para ayudarle Pándaro, un primo de Criseida, una de las figuras caracterís­ticas de la tradición narrativa medieval, Governal y, al mismo tiempo, Galeoto (v. Galehault), amigo, consejero y alcahuete, que pasó más tarde, con matices más som­bríos, al poema de Chaucer y a los dramas de Shakespeare. En unos términos bastante despreocupados, Pándaro llega a ser el em­bajador amoroso de Troilo; Criseida, para guardar las conveniencias, se escandaliza; pero más tarde, no teniendo el fuste de una mujer dispuesta a morir por amor, pone de manifiesto, en refinados monólogos, el malicioso y juvenil ardor de sus sentidos. Después de otras esperas y un cambio de cartas, los dos amantes llegan al fin a beber en la copa del placer, en unas escenas de muelle y cálida sensualidad que Boccaccio despliega y subraya con los recursos más musicales de sus octavas. Pero el idilio acaba pronto: durante una salida, muchos ilustres guerreros son muertos y captura­dos y, en el cambio de prisioneros que sigue, Calcas obtiene la devolución de su hija. Criseida se marcha, prometiendo eter­na fidelidad a su amante desesperado. Pero el encargado de conducir a Criseida al cam­po griego es Diomedes, un guerrero fuerte y robusto y de temperamento amoroso; y la promesa es olvidada muy pronto. Troi­lo se entera de la traición por una prenda de Diomedes que Deífobo se ha llevado como trofeo de victoria y en la que reco­noce un broche que él mismo había rega­lado a la bella infiel.

Abrumado y enfure­cido, se mete en todas las peleas en busca de su rival, hasta que, después de haber hecho una gran matanza de griegos, cae bajo los golpes de Aquiles. El poema, de argumento clásico, tiene en realidad un espíritu íntimamente románico y, por lo tanto, brota, aunque con un sabor y un color nuevos, del fértil terreno de la lite­ratura caballeresca medieval. Pero el ele­mento fantástico y novelesco de las viejas narraciones, tanto en el Filostrato como en las otras obras juveniles de Boccaccio, es reemplazado por una elaboración exquisita­mente literaria de elementos realistas y psicológicos. Boccaccio une aquí con juve­nil exuberancia los más dispares elementos y motivos de su educación literaria, y de sus primeras experiencias de amante, la elegancia eufórica del ambiente mundano de la encantadora Nápoles, y aquellas ten­dencias epicúreas y despreocupadas de su temperamento a las que más tarde dará libre curso en el Decamerón (v.). De esta manera la fábula clásica deviene un sen­cillo motivo para una libre transcripción poética de una realidad biográfica y senti­mental. Por esto, Troilo, a menudo portavoz del autor, es un personaje más lírico que novelesco. En cambio, resulta bosquejado con una más ágil, vivaz y objetiva técnica psicológica, el personaje de Criseida, con el que Boccaccio supera brillantemente su primera y gran prueba de narrador-poeta y de agudo psicólogo. Edición crítica pu­blicada bajo la dirección de Vincenzo Pernicone (Bari, 1937). D. MattalIa

Por vez primera el amor, desgarrando el velo platónico, se pone de manifiesto en su realidad y autonomía, separado de sus an­tiguos compañeros, el honor y el senti­miento religioso. (De Sanctis)