El Filósofo Sin Saberlo, Michel-Jean Sedaine

[Le philosophe sans le savoir]. Comedia en cinco actos de Michel-Jean Sedaine (1719-1797), representada por vez primera en 1765, des­pués que el autor le cambió el título ori­ginario, El desafío [Le duel], por orden de la policía. El rico comerciante Vanderk, la mañana del día en que se casa su hija, se da cuenta de que su hijo intenta salir sin ser observado llevando las pistolas de de­safío. Le interroga y se entera de que debe presentarse en el campo del honor por una disputa sostenida el día anterior con un desconocido. Comprende las razones que imponen al joven la obligación de batirse, y, violentando su corazón, lo deja marchar. Pero la ceremonia ha de seguir el curso previsto y nadie debe darse cuenta de la desesperación de su corazón de padre. El viejo intendente, Antonio, que vio nacer y crecer al joven, intuye algo y le sigue. En casa, Victorina, hija de Antonio y hermana de leche del joven Vanderk, sin poder explicarse el motivo, se siente inquieta y pre­ocupada en medio de la general alegría, y permanece triste y silenciosa.

Cuando al mediodía los parientes, los novios y los in­vitados, van a sentarse a la mesa, todos se asombran por el retraso del hijo. En aquel momento llega el viejo Antonio, que, es­condido tras unas matas, ha asistido al duelo, y anuncia que el joven ha muerto. Por suerte aparece en seguida el presunto muerto, que explica la equivocación sufri­da por el viejo, y todo acaba felizmente. Sedaine, antes que Diderot y Beaumarchais, y obteniendo el éxito en lo que éstos ha­bían de fracasar, creaba así el «drama bur­gués». En Vanderk viven los sentimientos y los afectos de una humanidad sencilla, y el clima de la obra es el de una existen­cia modesta y cotidiana que, a pesar de esto, puede ser alcanzada por una gran tra­gedia. La comedia, que aún hoy sigue sien­do la obra maestra de Sedaine, tuvo gran resonancia: en Italia fue conocida con el título El filósofo sin saberlo [II filosofo senza saper d’esserlo], e inspiró Los pre­juicios del falso honor [I pregiudizi del falso onore] de Albergati, y fue modelo para el teatro de principios del XIX. George Sand escribió una continuación: El ma­trimonio de Victorina.

G. Alloisio