El Fanfarrón, Friedrich Wilhelm Zachariáe

[Der Renommist]. Poe­ma heroico cómico de Friedrich Wilhelm Zachariáe (1726-1777), aparecido primero por entregas en 1744, en la revista literaria «Belustigungen des Verstandes und des Witzes», y después en volumen en 1747. La re­vista, dirigida por Schwabe, acogía las obras de los discípulos de Gottsched, por quien Zachariáe se sentía atraído. El éxito del Fanfarrón fue inmediato y duradero, aun­que sólo parcialmente justificado, pues su comicidad no es excesiva según el gusto moderno. La obra, sin embargo, tiene un gran valor documental, porque nos describe las rudas costumbres de la estudiantina ale­mana del siglo XVIII de modo sabroso y pintoresco. Puede decirse que Zachariáe in­trodujo en alemania el género heroico cómico. El joven autor se había inspirado sobre todo en el Atril (v.) de Boileau y en el Rizo robado (v.) de Pope, que la es­posa de Gottsched estaba traduciendo en­tonces al alemán; entre otras cosas, están netamente inspirados por Pope los espíritus que protegen las diversas partes del cuerpo del protagonista y las divinidades simbóli­cas personificando las virtudes y las cuali­dades de los hombres.

La trama es senci­llísima: un rudo y violento estudiante de Jena, el Fanfarrón, expulsado de aquella Universidad por sus pendencias, se trasla­da a Leipzig, donde los estudiantes son mu­cho más refinados. Encuentra a un ex com­pañero de Jena, Silvano, que se ha adap­tado ya por completo a las costumbres de la nueva ciudad y trata de atraer al Fan­farrón a la órbita de una vida más civili­zada y delicada. Juntos tratan de conquis­tar a la diosa Galantería, a la diosa Moda y al espíritu protector de Leipzig, Lindano. Pero también el Fanfarrón está protegido por un espíritu, tan rudo como él, Panduro, que ama el ruido y las salvajadas. Pandu­ro encuentra siempre el modo de impedir toda influencia duradera de los demás geniecillos sobre el alma de su protegido. Éste, al fin, conoce a una hermosa muchacha y por amor acepta el mayor sacrificio: ir a un peluquero y a un sastre. Sin embargo, la muchacha, amiga de Silvano, cuando le ve comparecer bajo el nuevo aspecto, ex­trañamente pulido, le recibe con una enor­me carcajada de la que Silvano se hace eco. Furibundo, el Fanfarrón se arranca la pe­luca, se quita los vestidos, con gran júbilo de Panduro, que cree haberle vencido, y entonces, para vengarse, desafía al apuesto Silvano. Pero Silvano está protegido por la Galantería y por Lindano y fácilmente ven­ce al Fanfarrón, que decide abandonar Leipzig por Halle, donde la atmósfera es menos refinada y donde podrá con mayor facilidad entregarse a sus orgías de cerveza y pendencias.

C. Gundolf