El Enfermo Imaginario, Jean Baptiste Poquelin (Moliere )

[Le mala- de imaginaire]. Comedia en tres actos, en prosa estrenada en París en 1673. Argante, que se cree muy enfermo y cultiva con pasión sus males, siempre rodeado de medicinas y médicos, quiere emparentar con uno de éstos, casando a su hija An­gélica con Tomás Diafoirus. Pero ella está enamorada de Cleante. Belina, segunda mu­jer del enfermo, finge amor y compasión, por ser la única heredera. El joven médico, insulso y pedante, viene con su padre, mé­dico también, y dirige a la joven una de­claración en estilo pedantesco.

Cleante, fingiéndose sustituto del maestro de música, logra entrar y, cantando, declara su amor a la muchacha. El padre se da cuenta y la amenaza con el convento si no acepta a Tomás Diafoirus. Éste se marcha con su padre después de una solemne consulta so­bre el enfermo. El hermano de Argante, Beraldo, le habla en favor de Angélica y contra los médicos; para comenzar, despide al farmacéutico que ha venido con una lavativa ordenada por el doctor Purgón. Éste, indignadísimo, declara que dejará al enfermo a merced de la muerte inminente. Llega otro médico, que no es sino la cria­da Tonina disfrazada, que despierta el in­terés de Argante cuando critica las curas de Purgón y los otros. Beraldo intercede de nuevo en favor de Angélica y contra Beli­na, cuyo gran amor es puesto a prueba.

El enfermo se finge muerto, entra la esposa, liberada al fin de aquel peso, y piensa re­coger inmediatamente el dinero y las llaves. La hija, en cambio, da muestras del más sincero dolor. Argante conoce ahora a sus familiares; en cuanto a los males, Beraldo le aconseja hacerse médico. Ya conoce el arte en demasía y, por lo demás, basta la toga y el birrete. Las viejas acusaciones contra la medicina formalista y charlatanesca son ridiculizadas con ingenioso brío y fuerza convincente, a la vez que se afir­ma la fe en la naturaleza, única medicina; la figura del enfermo imaginario es de una humanidad real, y los tipos de los médicos tienen una extraordinaria riqueza de color. Toda la comedia, animada por intermedios de canto y danza, tiene un aire ligero y divertido, con cierta hinchazón caricatu­resca a través de la cual se advierte un fon­do doloroso.

Es la última obra de Moliere, quien murió después de haber encarnado por cuarta vez al protagonista. [Trad. de Joaquín de San Pedro (Barcelona, 1867); de V. I. de Alberti bajo el título El enfer­mo de aprensión (Madrid, 1922) y de Carlos Barral en Selección de obras de Moliere, Barcelona, 1951].

V. Lugli

Si no ha conservado en su obra, como Cervantes, aquel perfume de sueño que éste nos difunde, su comicidad es más pre­cisa y eficaz. Su risa proporciona menos embriaguez que la de Shakespeare, pero deja distraer menos y muestra mayor am­bición. Menos lírico que Aristófanes, Mo­liere expresa, mejor cada vez, lo uni­versa. (Fernández)