El difunto Matías Pascal, Luigi Pirandello

[Il fu Mattia Pascal). Es la más famosa novela del autor, publicada en 1904, y representa realmente un momento decisivo en el desarrollo de su persona­lidad. Narra la historia de un tímido pro­vinciano, Mattia Pascal, que se aleja de su casa después de una de las habituales peleas con su mujer, Romilda, y su suegra Marianna Pescatori, y, llegando a Montecarlo, gana, jugando al azar, una enorme can­tidad de dinero. La posesión de esta gran suma y la lectura de la crónica de sucesos, que anuncia su muerte (se trata de la equi­vocada identificación del cadáver de un desesperado que se ha matado tirándose al pozo de Mattia) le empujan a simular verda­deramente su muerte y a intentar vivir una vida nueva.

El difunto Mattia Pascal llega a ser de esta manera el señor Adriano Meis, y va a establecerse a Roma, en una curiosa pensión de cierto señor Anselmo Paleari y de su hija Adriana, pero dominada por un tal Terenzio Papiniano, viudo de otra hija de Paleari, un tipo de sinvergüenza despreocupado y peligroso. En la casa vi­ven también un hermano de Terenzio, Scipione, medio epiléptico y medio ladrón, y una huésped, Silvia Caporali, maestra de música antaño y víctima de una estafa de Papiniano, y respetada por Paleari, fa­nático del espiritismo, por sus buenas cua­lidades de «médium». Son éstos los perso­najes que empiezan a tejer de nuevo alre­dedor de Mattia Pascal la tela de la vida social a la que él había pensado escapar.

Es la tela de la existencia cotidiana, con sus pequeños accidentes, sus aventuras agra­dables o desagradables, hasta con el humil­de amor que le profesa la pequeña Adriana Paleari; y Mattia, temeroso de que alguien pueda descubrir su posición y al mismo tiempo amargado por la necesidad deses­perada de vivir, es decir de establecer nue­vamente una red de intereses y de afectos con sus semejantes, no puede o no sabe resistir. Es este el momento más alto de la novela, el más capaz de una auténtica ex­presión poética; y Pirandello ha sabido representar de una manera perfecta en mu­chas páginas la figura tímida y desolada de Mattia Pascal, perdido en una soledad sin eco, con la única guía de su inútil «faro­lito», es decir de su insuficiente criterio individual, en el escenario miserable y mezquino de una pequeña burguesía ciuda­dana ahogada por las penas, los prejuicios, las costumbres tradicionales. Sin embargo la novela no consigue finalizar felizmente, puesto que en un cierto momento Pirandello pierde su inspiración fantasiosa y se con­tenta solamente con su mecanismo, su juego.

De manera que resultan aburridas y pesadas las últimas páginas de la novela, cuando Mattia, no pudiendo liberarse de otra forma por su nueva realidad, si no «muriendo» de nuevo, decide matar a Adria­no Meis y recobrar su antigua personalidad de Mattia Pascal. Pero ahora ya estamos en la farsa, en una farsa ingeniosa que dispersa el dolorido e íntimo motivo hu­mano aflorado en la aventura de Mattia; así regresa a su pueblo, encuentra a su mujer casada con un antiguo enamorado suyo, y con una hijita; Mattia se niega a volver a su puesto en la vida civil y fami­liar, y sigue siendo el difunto Mattia Pas­cal que de vez en cuando va a visitar, entre la irónica curiosidad de sus conciu­dadanos, su propia tumba.

Una vez más, como a menudo le ocurre en su obra na­rrativa, ha faltado a Pirandello la gracia completa de un tiempo inspirado y poé­tico, y una vez más su emoción humana y lírica ha sido ahogada por el gusto de una ironía despiadadamente dialéctica. Pero, a pesar de estos defectos, El difunto Mattia Pascal puede considerarse una de las obras maestras de Pirandello y es indudable­mente una de las mayores novelas italia­nas; la obra, que ofrece un evidente parale­lismo con el drama de Tolstoi, «El cadáver viviente» (v.), fue traducida a todos los idiomas europeos. [Traducción castellana de Rafael Cansinos Assens (Madrid, s. a.; 2.» ed. 1944)].

M. Alicata

En Pirandello hay un acercamiento a los efectos de Conrad en El difunto Matías Pascal y a los de James en el Se rueda. (J. W. Beach)