El dificultoso, Hugo von Hofmannsthal

[Der Schwierige]. Comedia en tres actos aparecida en 1921, y publicada de nuevo en las «Obras com­pletas» en 1924, que tiene lugar toda en una sola noche mundana. El conde Juan Carlos Bühl, cuarentón, es el tipo perfecto del gentilhombre de la vieja Austria. De regre­so a Viena después de la guerra, no puede volver a tomar contacto con la vida social, después de los años de vida campesina y de la soledad del hospital, durante los cuales encontró en sí una vida muy íntima y sen­sible que no puede ni quiere expresarse, prefiriendo la penumbra irracional del sueño a la clara luz de la palabra externa.

Representa perfectamente la «sensibilidad inteligente» o el «pensamiento sensible», ca­racterísticos de Hofmannsthal y que pare­cieron ofrecerle el único refugio seguro después del hundimiento de la dinastía Habsburgo y del desvanecimiento de la cul­tura que durante siglos se había ido for­mando en torno a ella. La trama casi no existe: a Bühl todo el mundo le confía las misiones más delicadas: Hechingen, el ma­rido de su antigua amante, le pide que le reconcilie con Antonieta, su mujer; la her­mana Crescencia, le pide que combine el matrimonio de su hijo Stani con Elena Altenwyl, bella muchacha y óptimo par­tido. Pero todas las mujeres están enamo­radas de él, que es como si dijéramos la poesía inexpresada de cada una de ellas. Por fin, la pequeña Elena, en un diálogo, donde nada se pronuncia pero en el que se dicen cosas esencialísimas, consigue declararle su amor y hacerle novio suyo.

Todo el ambiente está sugestivamente pintado con finura y naturalidad. Los personajes se mueven libremente en su atmósfera. Pa­siones, amor, desilusiones, envidias y am­biciones, pasan sin expresarse, sólo roza­das, pero viven. La etiqueta de la vida mundana, del camarero a la dama, vela las batallas demasiado íntimas. En esta come­dia de Hofmannsthal, la materia está tra­tada con mano leve, casi con miedo de «hacerle daño»: es vida de brasas bajo las cenizas, dispuesta a reivindicar sus valores íntimos, sin levantar sin embargo el velo gris que la recubre. Representa el cansado sobrevivir del mundo aristocrático austríaco de la postguerra, su última apariencia de vida.

G. Federici Ajroldi