El Cubilete de los Dados, Max Jacob

[Le cornet á dés]. Recopilación de «poesías en prosa» del escritor francés Max Jacob (1876- 1944), publicada en 1917 en París, con ilus­traciones de Picasso, pero compuesta varios años antes. Es uno de los libros represen­tativos del «cubismo literario»; influyó en la formación d§ la literatura «cubista» y «dadaísta»; recientemente se le reconoció incluso el valor de anticipación «surrealis­ta». La obra consta de un amplio prefacio, de más de doscientas composiciones y de una serie de epigramas intercalados en el cuerpo de la recopilación lírica.

En el «pre­facio» el autor traza una estética de la «poesía en prosa» — de la que se reconoce, junto con Marcel Schwob, el más genuino continuador después de Aloysius Bertrand y de Rimbaud — y formula algunos concep­tos sobre el arte y en especial sobre la poesía que se convertirán en fundamentales en la nueva orientación determinada por la llegada del Cubismo (v.) (estos conceptos serán más tarde desarrollados e integrados por Jacob en el Art Poétique, 1922). Las composiciones líricas tienen un contenido vario: confesiones, episodios autobiográficos estados de ánimo, fantasías, «iluminacio­nes», impresiones, anotaciones realistas, ra­rezas, etc. Una ironía sutil, benévola, y un cuidado pero cálido acento satírico y al­gunas veces de parodia llenan gran parte de las composiciones; la costumbre y la mentalidad burguesas son el principal blan­co. El humor y la agilidad analógica de Max Jacob, su ingenio, vigilante y penetran­te, la observación aguda y despreocupada se ejercen en plena libertad, transformándose en expresión límpida, corriente, casi discursiva, cuando — en la causticidad de una puntualización — no se resuelven en objetivizaciones sintéticas o elípticas.

Pero no sólo se trata de ironía o parodia, Jacob — a semejanza de sus compañeros de cre­do, los pintores cubistas — tiene un nuevo modo de revelar un mundo donde las re­laciones entre la realidad objetiva externa y la interioridad individual y transformado­ra cambian bajo el influjo de un nuevo cli­ma: el clima típico del período de las «van­guardias». La realidad se transfigura y, para emplear un término predilecto de los pin­tores, se «deforma» y se presenta — a tra­vés de libres procedimientos de disociación y de reconstrucción, de simultaneidad re­presentativa, de abolición de nexos expli­cativos, de rapidez de anotación — bajo as­pectos inusitados y a menudo irreconocibles y se revela con frecuencia como una trans­cripción directa de estados oníricos o sub­conscientes. En esta especie de «ciudad ver­bal» habitada por criaturas vivas y más a menudo por fantasmas, recorrida por una sutil vena de ironía, iluminada por per­cepciones raras, por imaginaciones fulgu­rantes e insospechadas y — quizá con com­placencia demasiado íntima — animada por funambulismos de palabras, el autor se ma­nifiesta como atento lector del espíritu y de las aventuras de los hombres, crítico vigi­lante de las costumbres y original arqui­tecto de una realidad nueva con apariencias de sueño.

La poesía, en Jacob, nace a me­nudo de los hechos más insignificantes y se expresa con medios sencillísimos, que al­canzan algunas veces lo barroco sólo para conseguir particulares efectos de «deforma­ción» y alcanzar mejor la «liberación de lo real». Le comet a, dés fue saludado por la crítica como «una de las más singulares y bellas expresiones líricas de la jeune poésie» que, de todas formas, señala el inicio de una más amplia afirmación de Max Jacob, conocido hasta entonces sólo en el ámbito restringido de los descubridores del «Cu­bismo».

V. Orazi