Los Cuatro Vientos del Espíritu, Víctor Hugo

[Les quatre vents de Vesprit]. Colección poética de Víctor Hugo (1802-1885), publi­cada en 1881. Dividida en cuatro libros (sa­tírico, dramático, lírico, épico) atestigua la enorme vitalidad creadora del autor, no sólo por estar compuesta de poesías y composi­ciones dramáticas escritas al comienzo sin ningún fin particular editorial, sino por el hecho de que mezcla en una viva amal­gama actitudes idílicas, desfogues yámbicos y exaltaciones solemnes.

En el «libro satí­rico» el poeta se alza contra las iniquidades, tanto en la literatura como en la política, combate a los odiosos censores de los poe­tas y el pensamiento reaccionario de Joseph de Maistre, e incita a los jóvenes a la sin­ceridad y al odio de las falsas costumbres. En el «Libro dramático» dos composiciones: «Margarita» y «Yesca», muestran con vive­za romántica la acción de un duque, Galo [Gallus] que desea a Nella, pastora e hija de un noble en el destierro, y después de una vivísima escena, la pide para esposa de su enamorado; luego, raptada una jo­ven que está a punto de casarse, Liseta [Lison], la colma inútilmente de riquezas y de honores, en tanto que ella desesperada se envenena. Más vivo es «el libro lírico», donde el artista se defiende de las calumnias de sus enemigos y exalta la vida sencilla del campo, aceptando el destierro por fide­lidad a la Patria.

«El libro épico» está ba­sado en la reconstrucción fantasmagórica del contraste entre la antigua monarquía absoluta y la revolución: las estatuas de Luis XIV y de Richelieu van al Louvre y después a los Champs Elysées, y la cabeza del muerto Luis XVI les comunica que la guillotina la han construido ellos mismos. Lugar aparte merecen las «Dos voces en el cielo» [«Deux voix dans le ciel»], donde Zenith, esplendente en lo alto y operando con júbilo, afirma su próxima victoria so­bre Nadir, su espíritu contrario, y «Plan­tando el roble de los Estados Unidos de Europa» [«En plantant la chéne des États-Unis d’Europe»] que en el 14 de julio de 1870 fundió el ideal de una revolución, con la caída del Segundo Imperio por la liber­tad de los pueblos y por los sueños de los desterrados de todas las patrias. Esta obra, sin tener propiamente unidad, manifiesta una vez más la fuerza efusiva de Hugo y su conciencia de vate de la democracia de su siglo: la exaltación de la libertad del espíritu, que, bíblicamente, sopla donde quiere, añade al sorprendente dominio del artista el conocimiento de una misión, iden­tificada con los destinos de su patria.

C. Cordié

El pensamiento se hace luz, el razona­miento descripción; en lugar de un filósofo tenemos un visionario. (Lanson)

Es pueril preguntarse si Hugo es o no el mayor poeta de nuestra lengua. Lo que sí se puede asegurar, en el pleno sentido de la palabra, es que se trata del mayor fenómeno de nuestra literatura. (Thibaudet)

Un fragmento de la elocuencia de Hugo, o es un serio triunfo o un serio desastre; se nota que al poeta le ofende una sonrisa. (Chesterton)