El Casamiento Engañoso, Miguel de Cervantes Saavedra

Una de las Novelas ejemplares (v.) de Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616). El alférez Campuzano, con la esperanza de encontrar una vida de comodidades y delicias, decide casarse con Estefanía, mujer galante que se confiesa arrepentida de su pasado y deseosa de una vida tranquila. La luna de miel es efectivamente alegre y prometedora, pero después el despreocupado alférez se entera de que Estefanía no es propietaria ni de la camisa que lleva, y que la casa en que le ha acogido y festejado es de una amiga que ésta ha dejado a su custodia. La mu­jer escapa llevándose un collar de Campu­zano, que es falso, pero dejándole, en com­pensación, una auténtica enfermedad vené­rea. Esta novela, brevísima, es sólo un pre­texto para introducir como intermedio li­terario, el Coloquio de los perros. Mientras cuenta a su amigo Peralta sus tristes aven­turas, Campuzano afirma haber oído hablar, mientras estaba en el hospital, a los dos per os Cipión y Berganza (v.) y lee la relación escrita por él de aquel paradójico diálogo. La introducción no podría ser más ingeniosa, porque de esta manera el carácter absolutamente imaginativo del intermedio, queda justificado por el estado morboso del presunto narrador.

El perro Berganza narra, pues, su vida a su compañero Cipión, que se limita a comentar con amarga filosofía los pasajes más notables. Los matarifes del matadero público de Sevilla en que Ber­ganza comienza su odisea canina, roban lo mejor de las carnes sacrificadas, en benefi­cio de sus barraganas; los pastores al servi­cio de los cuales pasa luego Berganza parecen dibujados adrede para alzarlos como contrafiguras de los presentados en las no­velas y poemas pastoriles; no se contentan con ser toscos y vulgares, sino que, con la excusa de los lobos, destruyen sistemática­mente los rebaños de su amo en su exclusi­vo beneficio. Recogido por un mercader, Ber­ganza conoce, en compañía de los hijos de éste, las delicias de la vida estudiantil, para pasar después al servicio de un inspector de policía prevaricador, cómplice de pros­titutas y ladrones, y compadre del famoso Monipodio, protagonista inolvidable de Rinconete y Cortadillo (v.). Un soldado le re­coge y, después de enseñarle una serie de juegos y trucos, le hace perro sabio para poder vivir a costa suya. La hechicera Ca­ñizares le familiariza con las artes mágicas y le hace una extraña revelación: él es hijo, como Cipión, de la difunta bruja Montiela, y precisamente a este origen deben los dos perros el poder hablar de cuando en cuan­do. Berganza pasa después al servicio de la gente más diversa, gitanos, moriscos, cómi­cos, etc., y por todas partes conoce hambre y miseria, y puede comprobar las vergüen­zas en que vive el género humano.

Tan triste reseña se concluye en el hospital, último refugio de los dos perros, y allí Berganza encuentra los últimos despojos de la mise­rable humanidad: un poeta que ha escrito un largo poema en versos esdrújulos y sin verbos, un alquimista, un matemático y un utopista que ha encontrado el modo de en­jugar el déficit del presupuesto regio ha­ciendo que los súbditos se comprometan a ayunar una vez al mes para entregar al erario la cantidad ahorrada de este modo. Como al amanecer cesa la facultad de ha­blar que tienen ambos perros, el relato de Berganza se interrumpe con la salida del sol, y se remite a otra ocasión la historia de la vida de Cipión. La narración de Ber­ganza constituye una breve pero densísima novela picaresca, cuyo protagonista es un ser no humano, por lo que la sátira social, sin ser nueva en sus temas, adquiere un singular relieve. Los hombres son tan mal­vados y perversos que causan repugnancia hasta a un perro: ésta es la clave satírica de la composición en que Cervantes universaliza del modo más drástico sus des­engaños y amarguras de hombre de buena voluntad, ante el espectáculo de las injus­ticias sociales de su tiempo.

A. R. Ferrarin