Obra aparecida en Barcelona, 1605. Se trata de una recopilación de anécdotas, chascarrillos, cuentos, etc., narrados en forma de diálogo. En la ciudad de Burgos, donde se supone ocurre la acción, dos matrimonios invitan a un truhán, Castañeda, las tres noches de Carnaval. Cada diálogo corresponde a una noche, y se subdivide en cuatro o cinco capítulos. Las historias narradas son, generalmente, de subido color o bastante sucias, pero siempre divertidas. El tono del libro es de una ininterrumpida carcajada, lejos de la finura de la sonrisa, y está saturado de evidente sarcasmo. Abundan los chistes alusivos al clero.
Las anécdotas relativas a la nobleza se recrean especialmente en escarnecer a dicha clase social como portadora de las bubas o mal francés (cap. II, diálogo III). Los Diálogos fueron muy leídos: en 1618 habían alcanzado ocho ediciones, y fueron imitados de cerca por Castillo Solórzano en Tiempo de regocijo y Carnestolendas de Madrid. La circunstancia de usar el Carnaval es debida a que así se puede emplear un lenguaje desenfrenado y sin rodeos.
Lucas Hidalgo justificó su libro (única obra, por otra parte que de él nos queda, aunque promete al final de los Diálogos una segunda parte para las noches de Navidad) como un desahogo al cansancio de la vida, trágica y melancólica. El estilo, lá redacción dialogada y el alcance de la sátira recuerdan a Cristóbal de Villalón y a Villalobos. El librito de Hidalgo pertenece de lleno a la literatura de amena distracción, típica del siglo XVI. Está, a pesar de la fecha de su publicación y de su estructura, muy lejos del arte novelístico del siglo XVII, y puede ser considerado sin ningún esfuerzo, como una excelente antología del disparate, de la gracia y. a veces, feroz.
A. Zamora Vicente

