Caprichos Macarrónicos, Cesare Orsini

[Capricia macaronica]. Obra de Cesare Orsini (tal vez 1571-1636), que durante algún tiempo fue célebre, publicada por primera vez en Padua en 1636 con el pseudónimo de maestro Stoppino, y reimpresa repetidas veces hasta nuestros días. La componen ocho «macarro­neas» (cada una independiente de la otra al igual que las charlas o capítulos a lo Ber­ni) y otras composiciones, especialmente epigramas y elegías. Desde los temas hasta el léxico y la sintaxis, se nota en cada ver­so el fruto más singular —casi se podría de­cir trivial— de una literatura dominada ya por la creación de Folengo: las Macarroneas (v.) de Merlin Cocaio son imitadas, aho­ra, a diestro y siniestro, como un repertorio para emplearse según los propios gustos de uno. Deriva de ello un sentido de cansan­cio, y, sin la fantasía leve y estilísticamente humanista del mantuano, las distintas «ma­carroneas» dedicadas a uno y otro tema — desde las astucias de las malas mujeres hasta el arte de robar, desde las alabanzas a la ignorancia o a las de la mentira — re­sultan compuestas de crudas enumeraciones, de frases que quieren ser divertidas y de salidas graciosas.

Ideas ingeniosas y tonte­rías baratas se envuelven en un tono gas­tado y tradicional, ya desprovisto de efec­tos poéticos. Las mismas elegías inspiradas en motivos de amor — el autor se dirige a una Morina, es decir, a una probable Moretta— se pueden juntar a la deformación popular y anti petrarquista de la Zanitonella (v.) del mismo Folengo. Más singulares y a veces muy vivos los epigramas, de tono mordaz y francamente renacentista. El nom­bre — maestro Stoppino («magister Stopinus») — recuerda al maestro Acquario, su­puesto editor de la Macarroneas de Folen­go; por lo que se refiere al valor de «stoppino» («mecha») el autor, puesto que es un buen escritor del siglo XVII, además de ma­carrónico, parece dar una estrambótica ex­plicación de ello diciendo que consiguió comerse unas cuantas velas. El epíteto de «ponzanés» («ponzanensis»), de Ponzano en Valdimagra, fue forjado sobre el célebre de «cipadense» del mismo Folengo, sacado del nombre de un pueblo cerca de Mantua, hoy desaparecido.

C. Cordié