Caprichos y Fantasías de Mendelssohn

Son una serie de piezas para pia­no más bien breves y que dan la medida del arte y de la genialidad de Félix Mendelssohn – Bartholdy (1809-1847); el senti­miento idílico y exento de dramaticidad, la pasión mesurada, que son los aspectos del romanticismo de este músico alemán, hallan aquí su más natural y espontánea realiza­ción. La Fantasía sobre una canción irlan­desa op. 15 remonta a la primera estancia de Mendelssohn en Inglaterra, en 1829; son cinco breves páginas musicales inspiradas en una melodía popular, susurradas casi por completo en apacible sonoridad que sólo en fugaces instantes estalla en un «fortissimo». Es la anotación más feliz de aquellas im­provisaciones al piano en las que el músico se complacía a menudo en los salones de sus amigos (entre los cuales figuró también Goethe, que se complacía en escuchar aun durante ocho horas seguidas al joven y gran pianista). Hacia el final de la obra, una soñadora felicidad armónica se encierra en la «cadenza» que se ha de ejecutar, des­pués de doce compases de «presto», con lentitud y «a piaceri». También se remontan a su estancia en Inglaterra de 1829 las Tres fantasías y Caprichos, op. 16, escritas en la casa de campo de la familia Taylor. Aun­que no lleven ningún subtítulo, las tres cortas piezas se inspiran en la amistad del joven Mendelssohn, que tenía a la sazón veinte años, con las tres hermanas Taylor: Ana, Honora y Susana. El primero («An­dante con moto» y después «Allegro vivaco», de graciosísimos movimientos, está su­gerido por un ramo de flores que le había regalado Ana, y recuerda en su primera, frase los compases iniciales de la Sinfonía Escocesa (v. Sinfonías).

El segundo, si no tiene la suprema y aérea ligereza de la «Obertura» y del «Scherzo» del Sueño de una noche de verano (v.), también nació de un cuento de hadas. El gracioso toque de caza que abre esta pieza está relacionado con las flores de cierta planta trepadora, predilecta de Honora Tay­lor, que por su forma de minúsculas trompas evocaban elfos musicales. Finalmente, para Susana Taylor está escrita la tercera pieza inspirada en el arroyo que corría por el parque. De gracia extremada y deliciosa frescura, esa página se desarrolla con una compostura muy íntima, sin concesiones naturalistas, irradiada por un sentimiento que es lícito referir al espectáculo de una serena corriente entre las plantas y las hierbas. A diferencia de otras muchas obras de Mendelssohn, la Fantasía op. 28, está animada por un ímpetu de sentimiento, por una pasionalidad interior inusitada en nuestro músico. Y este movimiento del alma se transfiere a su escritura pianística algo agitada, sobre todo en sus partes primera y tercera. En la primera, además, es intere­sante notar la única referencia a Schubert que quizás se halla en la música de Men­delssohn. He aquí unos compases que hubieran podido llevar la firma del autor de la Incompleta (v.) por el íntimo y apasiona­do calor del diálogo entre el bajo y los acordes de la melodía.

Referencia que se convierte en cosa propia de Mendelsohn y que no compromete para nada la original belleza del fragmento. Así como en la tercera parte de esta Fantasía .resuena un eco de Schuman. Son esos ras­gos interferentes los que hermanan a todos los músicos del Romanticismo. De los Tres caprichos op. 33, compuestos entre 1833 y 1835, sólo debemos recordar el segundo [«Allegro grazioso»] de serenísima y aérea ligereza, y de refinada y sensible escritura pianística.

A. Mantelli