Poesía de los Kuruc

[Kuruc költészet]. Poesía, en su mayor parte anónima, de los soldados, prisioneros o emigrantes que tomaron parte en las diversas guerras de independencia húngara, sobre todo en aquellas (siglos XVII y XVIII) de Emerico Thököly y de Francisco II Rácóczi.

«Kuruc» o «curuzi» eran llamados los campesinos que en la cruzada del siglo XVI llevaban el signo de la cruz («crux»); pero algunos hacen descender esa palabra del término «Kurudsi» con que los turcos indicaban a los fugitivos, errabundos y emigrantes. La riqueza de la poesía de los «Kuruc» es dada por la libertad de elección sin trabas de los temas que entran en el fuego sentimen­tal de la inspiración, desde los sectores más lejanos. Los elementos pintorescos de la farsa de los «labanc» (los guerrilleros de Viena) que efectúan correrías en la tierra húngara, traen nuevo contenido a la poe­sía realista y satírica. Los cantos narrativos son, con mucho, superiores a los antiguos cantos históricos, pero derivan de ellos por vía directa.

Con todo, lírica y épica, elegía, marcha y canción báquica, llanto doloroso y humorismo, la gama de estos cantos es muy diversa y pone de relieve la riqueza del alma colectiva durante los años fatales. Entre las baladas una de las más célebres es la intitulada «Isaac Kerekes», que narra la lucha de un heroico campesino por sus padres, por su novia y por su patria, contra una banda de asesinos; entre las mejores elegías, se recuerdan «Canto de Rákóczi» y «Después de la lluvia de otoño»; entre los poemas satíricos y báquicos, «Csinom Jankó», etc. El grupo más poético está ins­pirado en la figura de Rákóczi, que en la fantasía popular aparece envuelto en una luz de leyenda y que fue verdaderamente en la victoria y en el destierro, el símbolo de su pueblo.

También desde el punto de vis­ta de la rítmica los cantos de los «Kuruc», cuyo acompañamiento musical nos ha sido en parte conservado, señalan un paso ade­lante, y esto aumenta más todavía su gran popularidad. Aunque la crítica de los tex­tos, que pone en duda la autenticidad de los cantos más bellos, sea severísima, aquel florecimiento de poesía popular no tiene paralelo. A fines del siglo XIX, el poeta y estadista Kálmán Thaly (1839-1909) reco­piló la mayor parte de estos cantos, aña­diéndoles algunos compuestos por él mismo.

G. Hankiss