[The Idylls of the King]. Bajo este título se recoge una serie de poemas breves de Alfred Tennyson (1809-1892), un primer fragmento de los cuales, la «Muerte de Artús», se publicó en 1842, junto con otras poesías. En 1859 aparecieron, bajo el título de Idylls of the King, cuatro poemas: «Enid», «Vivien», «Elaine», «Guinevere». En 1869 se añadieron a éstos «El santo Graal» [«Holy Grail»], «La venida de Artús» [«The coming of Arthur»], «Pelleas y Ettarre» [«Pelleas and Ettarre»], «El tránsito de Artús» [«The passing of Arthur»] al cual está incorporado el fragmento sobre «Artús» ya mencionado. En 1872 aparecieron «El último torneo» [«The last tournament»] y «Gareth y Lynette» [«Gareth and Lynette»]. Y la serie se completó con «Balín y Balán» [«Balin y Balan»], publicado en 1885.
Los Idilios fueron, pues, escritos según el estado de ánimo del poeta, y contienen todos ellos episodios de la vieja leyenda relativa al rey Artús y sus caballeros. El rey Artús representa aquí el Alma ideal del Hombre, que reúne a su alrededor a los caballeros de la Tabla Redonda, o sea, las potencias de la mente y del cuerpo, los cuales juran servir a Cristo Rey, enderezar los entuertos y proteger a la mujer. Pero a la primera noticia de la culpa de Ginebra la estructura del reino empieza a tambalearse. Los caballeros pierden su fe en los hombres y en su propia misión. La vana búsqueda del Santo Graal los desperdiga por el mundo, y mientras tanto sucede la catástrofe: el descubrimiento del pecado de Ginebra, la revuelta organizada por Mordred, el enemigo de Artús, y la gran batalla en que el rey es gravemente herido. En el último poema la Santa Iglesia es personificada por la Dama del Lago (v.), mientras que las tres reinas que están siempre al lado de Artús, y por último lo transportan a la isla de Avalon, son las tres virtudes teologales. Pero este drama del fracaso del mejor de los hombres por culpa del pecado no habrá sido en vano. Artús podrá salir vencedor a condición de perder todos los bienes terrenales.
Esta es, en conjunto, la alegoría contenida en los Idilios, formando, aunque sea de un modo relativo, su fondo común. Los Idilios del Rey son sin duda la obra más vasta que emprendiera Tennyson; pero a pesar del éxito que alcanzaron entre los contemporáneos — fácilmente explicable si se considera que la obra cae de lleno en el espíritu del arte Victoriano y que, al trazar los rasgos del soberano ideal, el poeta procuró indirectamente celebrar al príncipe consorte Alberto — esta obra no merece figurar entre las más felices de su autor. Si bien algunos episodios están vivificados por un soplo de pasión humana, y algunos personajes tienen alma y vida, a pesar, sobre todo, de que el arte de Tennyson no llegó nunca a ser más exquisito y perfecto, la artificiosidad que hay en todos los episodios de esta epopeya moralizadora disminuye grandemente su valor artístico.
S. Rosati
Muchas de las poesías de Tennyson no son más que lo sublime de las poesías para revistas de modas. (Emerson)
Fue un apagador, exquisitamente decorado, que cayó sobre la llama de los poetas revolucionarios. (Chesterton)

